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jueves, 12 de abril de 2018

EL FORASTERO

(The Westerner, 1940)

Dirección: William Wyler
Guion: Jo Swerling, Niven Busch (Historia: Stuart N. Lake)

Reparto:
- Gary Cooper: Cole Harden
- Walter BrennanJudge Roy Bean
- Doris DavenportJane Ellen Mathews
- Fred StoneCaliphet Mathews
- Forrest TuckerWade Harper
- Paul HurstChickenfoot
- Chill WillsSoutheast
- Lillian BondLily Langtry
- Dana AndrewsHod Johnson
- Charles HaltonMort Borrow
- Trevor BardetteShad Wilkins

Música: Dimitri Tiomkin
Productora: Samuel Goldwyn Company. (USA)

Por Seve Ferrón. Nota: 8


"Puede estar seguro de que en este tribunal a los ladrones se les juzga antes de ser colgados"Juez Roy Bean


Gary Cooper interpreta en este clásico, a un héroe tranquilo, jinete errante, en esta producción de Samuel Goldwyn, Cooper cabalga buscando la frontera del Oeste de Texas, donde encontrará en su camino una ciudad en la que tendrá que luchar contra una banda de despiadados vaqueros, capitaneados por el juez Roy Bean un magnífico (Walter Brennan). Allí tendrá que defender a los granjeros de la zona y su propia vida.


La interpretación de Brennan del personaje real del juez Roy Bean le valió su tercer Oscar en cinco años tras "Rivales" (Howard Hawks y William Wyler, 1936) un relato  en el viejo Oeste sobre la rivalidad entre un magnate y su hijo por el amor de una mujer y "Kentucky" (David Butler, 1938) que nos cuenta las rivalidades entre dos familias de granjeros  con Loretta Young como una muchacha que paga las deudas de una familia ganando un derby.


Precisamente  el primer film sonoro de Wyler sería un western "Santos del infierno" de 1929 y al que seguiría "The Storm" con William Boyd en 1930 y no volvería al género hasta diez años después con el film qué nos ocupa, con una pareja difícil de mejorar. También, dentro del género, "La gran prueba" de 1956 western atípico, alegato pacifista con todas las reglas, y "Horizontes de grandeza" de 1958, ejemplo de la película de gran presupuesto, símbolo de una época, los años cincuenta, en el que el cine de Hollywood trataba por todos los medios de contrarrestar la creciente competencia de la televisión.

"El forastero" fue más que un simple western. Fue a mi parecer, el primer intento de introducir matices psicológicos y dramáticos en un género considerado hasta entonces menor por buena parte de la crítica. En este sentido, la rivalidad entre el Juez y Cole Hardin, venía a simbolizar el conflicto entre las libertades del individuo en lucha contra un poder necesario pero no exento de mensaje.


Gracias a Dios, Vinegaroon no pasa de ser un producto de la imaginación. Fueron Stuart N. Lake, Jo Sterling y Niven Busch quienes le proporcionaron  a William Wyler el material narrativo para su film, un peculiar retrato de Roy Bean, el juez de la horca. Y digo lo de peculiar aún si cualquier retrato posible de Roy Bean habría de serlo, pues sus veleidades a la hora de juzgar no dejaban de ser muy sui géneris. Todo el mundo sabe, por ejemplo, que de juez tenía lo que un cura de pistolero, lo cual no impide imaginarse a un cura con dos pistolas o a un ex militar sudista impartiendo justicia con una expeditiva tendencia a aplicar la ley de la horca. En Roy Bean era, al fin y al cabo, lógico si se tiene en cuenta como el mismo no murió ahorcado por bien poquito; muchos años después todavía el cuello se la jugaba por las mañanas al levantarse, con la sensación de tenerlo descolocado. Por eso bebía levantamientos, un licor capaz de comerse la madera, muy efectivo para quien debe resucitar cuando despega los párpados cada nuevo amanecer. Un juez curioso. Si alguien era condenado a la horca, daba igual su condición, si era blanco o negro, rico o pobre, feo o guapo; Roy Bean era, en ese sentido, fiel a su oficio.

"Id a por una soga y colgadle"
"¿Colgarle? Pero si ya está muerto"
"A los ladrones de caballos los colgamos, ¿No? ¡Colgadle!


Mirándole a la cara en el film de Wyler, uno tiene dudas sobre Bean: ¿esta loco o no está loco? Desde luego, si lo está, la suya no es una locura que le afecte en exclusiva; también sus secuaces han de tener su prorrata de chifladura para estar a su lado, son ellos. Los jurados de sus juicios los forman sus secuaces, los parroquianos de su saloon.


Por su parte, Cole Hardin es la encarnación del cowboy, héroe honrado enfrentado a la injusticia, alguien de quien apenas se sabe nada, sorprendido a menudo entre dos fuegos, sin querer tomar partido, so pena de decir con ello adiós a su independencia. Sin embargo, él ya no está lejos de los héroes del western de los años cincuenta, a quienes, en lugar de dejarles errantes y solitarios al término de los filmes, se les obliga a posicionarse.


Además de por sus enjundiosas propuestas a nivel argumental, "El forastero" tiene una pátina moderna gracias a la fotografía de Gregg Toland, menos neutra que la de los filmes del periodo primitivo del western.


En definitiva "El forastero" trata, en buena medida, sobre la ingenuidad y el desfase de unos ideales anacrónicos tras la Guerra Civil, ideales, sea dicho de paso, defendidos con métodos intransigentes en progresiva degradación, donde también destaca la labor de William Wyler en algunas de las soluciones visuales, como la cena en casa de los Mathews, filmada desde una grúa elevándose, efecto que sustituye al fundido a modo de transición e introduce un elemento místico en ese alejamiento, acaso para corroborar el supuesto jansenismo de la puesta en escena del director.



miércoles, 17 de mayo de 2017

FORT MASSACRE

Fort Massacre - 1958

Dirección: Joseph M. Newman
Guion: Martin Goldsmith

Reparto:
- Joel McCrea: Sargento Vinson
- Forrest Tucker: Soldado McGurney
- Susan Cabot: India
- John Russell: Soldado Robert W. Travis
- Anthony Caruso: Pawnee
- Denver Pyle: Soldado Collins

Música: Marlin Skyles
Productora: The Mirisch Corporation
País: Estados Unidos
Por Jesús Cendón. NOTA: 7

“El odio va creciendo en tu interior hasta que acaba con cualquier otro sentimiento: dolor, amor e, incluso, temor” (Conversación entre el sargento Vinson y el soldado Robert W. Travis) 


Primera película de Walter Mirisch a través de la recién creada The Mirisch Corporation, productora independiente responsable de wésterns como “Misión de audaces” y “Los siete magníficos”; thrillers del nivel de “En el calor de la noche”, por la que obtuvo el Oscar; o todas las comedias desde finales de los cincuenta y durante la década de los sesenta dirigidas por Billy Wilder.


Para su primera producción escogió a Joseph M. Newman, un correcto profesional que había dado muestras de su valía con los estupendos thrillers “Al filo de la vida” (1950) y “Travesía peligrosa” (1953); quien con “Fort Masacre” filmaría su mejor western, género al que volvería con la interesante “El sheriff de Doge City” (1959) película, también protagonizada por Joel McCrea, sobre la dualidad entre la justicia y la ley; y la fordiana “Fort Comanche” (1961), adaptación de una novela corta de James Warner Bellah recientemente publicada por Valdemar en su indispensable colección Frontera.


ARGUMENTO: Tras haber sido prácticamente aniquilada la compañía C, incluidos los oficiales, toma el mando el Sargento Vinson con el objeto de regresar a Fort Crane, situado a unas 100 millas de distancia. Pronto los soldados supervivientes recelarán de él al sospechar que sus intenciones son diferentes.


Si hay un adjetivo que puede definir a este filme es moderno ya que, rodado a finales de los cincuenta, anticipa la evolución de este género desde aproximadamente mediados de la década siguiente. Así no es difícil apreciar en esta película el germen de filmes tan destacados como “Río Conchos” (Gordon Douglas, 1964) o “La venganza de Ulzana” (Robert Aldrich, 1972) o los wésterns de Sam Peckinpah (al igual que ocurría en “Mayor Dundee”,  filmada por el director californiano en 1964, la cinta comienza y finaliza con las palabras escritas en un diario de uno de los supervivientes).

¿Y cuáles son esas características que anticipan el devenir del género en los años sucesivos?


En primer lugar, la visión nada heroica del Oeste al estar habitado por unos individuos a los que tan sólo les motiva su propia supervivencia y alcanzar una meta, Fort Crane. Así uno de los soldados ante la posibilidad de tener  que proteger una caravana llega a preguntarse: “¿Quién quiere morir por un grupo de colonos?”


También nos encontramos con un tratamiento más explícito de la violencia que culmina con el apocalíptico enfrentamiento final, excelentemente rodado por Newman, de los supervivientes con una partida de indios que les doblan en número. Una matanza inútil que quizás se podría haber evitado. Se trata de un final profundamente nihilista acorde con el tono desesperanzado de la película.

Por último, debemos señalar a  los protagonistas. Son personajes  alejados de los estereotipos de este género que a lo largo del filme irán mostrando sus sentimientos y temores. De entre todos ellos destacan dos:


- El soldado Travis, muy bien interpretado por John Russell (1), un hombre culto y reflexivo pero también dubitativo e incapaz de tomar sus propias decisiones (ante la pregunta del sargento en el sentido de que nunca tiene una opinión, no duda en responder “Sí, odio los terremotos”); aunque al final tendrá que tomar una resolución drástica. Es un personaje puente entre el resto de los soldados que cuestionan la autoridad del sargento Vinson y el propio sargento, intentando en todo momento comprender a este y los motivos que inducen sus actos.


- El sargento Vinson, claro antecedente del comandante Lassiter en la mentada “Río Conchos”, al que dio vida Joel McCrea. Estamos ante uno de los papeles más oscuros del intérprete de California. Un individuo dual que se debate entre el cumplimiento de su deber y el odio cerval que siente por los pieles rojas al haber asesinado estos a su mujer e hijos. Un ser torturado del que no conoceremos sus verdaderas motivaciones hasta el final de la película.


Y es el hecho anterior uno de los elementos más positivos del wéstern, puesto que Newman nos aportará sobre el sargento Vinson la misma información que tiene el soldado Travis; por lo que, como él, dudaremos durante casi todo el metraje del comportamiento del suboficial sin poder adoptar una opinión firme sobre su conducta, máxime teniendo en cuenta que es un hombre capaz de mostrarse convincente a la hora de razonar su forma de actuar. ¿Es por su odio capaz de sacrificar a sus hombres con tal de acabar con el mayor número de indios o hizo lo que pensaba que era mejor en cada momento? Duda, que como ya he comentado, se resolverá al final del filme. En este sentido creo que fue un acierto contar con Joel McCrea, actor prototipo del héroe clásico, con el objeto de acentuar aún más la incertidumbre sobre su personalidad.



Sin duda, respecto a este planteamiento tuvo una importancia decisiva el concurso del guionista Martin Goldsmith (autor del magnífico libreto de “Detour”, un clásico del cine negro B) que despachó un magnífico guion con excelentes diálogos a través de los cuales abordó temas como el odio racial, el abuso de autoridad, la falta de capacidad para ejercer el liderazgo o el obligatorio sometimiento a la autoridad, que queda perfectamente definida por el soldado McGurney (típico veterano indisciplinado al que dio vida convincentemente el habitual Forrest Tucker) al preguntarse en voz alta en referencia al sargento Vinson si es traición odiar a un carnicero.


La estupenda fotografía de Carl E. Gutrie, con unos paisajes magníficamente retratados, que dota a la película de una atmósfera opresiva a pesar de estar rodada totalmente en exteriores, redondea un gran propuesta situada muy por encima de otros westerns de serie B, por lo que merece ser rescatada del olvido.


(1) Actor con un imponente físico, medía 1,91 metros, y evidente talento fue un rostro habitual de este género desde finales de los años cuarenta, apareciendo en títulos tan destacados como “Cielo amarillo” (William Wellman, 1948) como el rijoso compañero de Stretch; “Frenchie” (Louis King, 1950) en la que coincidió con Joel McCrea; “La última orden” (Frank Lloyd, 1955) sobre la batalla de El Alamo; “Río Bravo” (Howard Hawks, 1959) en el rol del poderoso Nathan Burdette; o “Emboscada” (Gordon Douglas, 1959) en la que encarnó a un piel roja. Incluso protagonizó la serie “Lawman” de la que se filmaron 156 episodios a lo largo de cinco años. A partir de mediados de los sesenta comenzó su decadencia motivada, entre otras razones, por sus problemas con el alcohol; siendo rescatado por Clint Eastwood en dos títulos muy significativos de su filmografía wéstern: “El fuera de la ley” (1975) y “El jinete pálido” (1985).