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viernes, 28 de octubre de 2016

DUELO EN DIABLO

(Duel at Diablo) - 1966

Director: Ralph Nelson
Guion: Marvin H. Albert y Michael M. Grilikhes

Intérpretes:
- James Garner: Jess Remsberg
- Sidney Poitier: Toller
- Bibi Andersson: Ellen Grange
- Dennis Weaver: Willard Grange
- Bill Travers: Teniente Scotty McAllister
- William Redfield: Sargento Ferguson
- John Hoyt: Cheeba
- Ralph Nelson: Coronel Foster

Música: Neal Hefti

Productora: United Artist/Cherokee Production
País: Estados Unidos

Por: Güido MalteseNota: 6,5

Toller: ¿Por qué lo ha hecho McAllister? 
McAllister: ¡Le hubiera matado Toller!
Toller: Sólo pregunté cuánto pedía por la cabellera de una india... 
McAllister: ¡Esa india era su esposa!


En un paraje desértico del sur de Arizona, el ex explorador del ejército Jess Remsberg salva a una mujer de los apaches. Cuando emprenden la marcha hacia Fort Creel, la cámara se eleva hacia el cielo para deleitarnos con una tomas aéreas bastante conseguidas de un territorio inhóspito y agreste mientras una pegadiza y agradable melodía, muy alejada de los cánones del western, empieza a sonar y se nos desvelan los títulos de crédito. Hay una cosa que me ha enganchado enseguida... ¡Los apaches son de los que me gustan! Apaches sin colorines, con largas cabelleras, pantalones, taparrabos, botas altas....¡”Mis apaches”!. Encima, los protagonistas no me disgustan nada, aunque aún no entiendo muy bien que pinta la “bergmaniana” Bibi Andersson en un western; Siempre me ha agradado ver a Garner en pantalla y me seduce ver a Poitier en su primer western. Vamos bien, de momento el film cuenta con toda mi atención...


Una vez llegados a Fort Creel, el irregular Nelson (también en su primer western, al que unos años más tarde le seguiría “Soldado Azul”) procede a presentarnos los personajes que van a componer la trama. Por un lado tenemos al ya citado Remsberg, un explorador que dejó el ejército para dar caza al asesino de su mujer comanche. Toller, un ex sargento de color, ambicioso y de gatillo fácil, que se dedica a domar y vender caballos al ejército con la pretensión de ganar dinero y montar una casa de juego. McAllister, teniente y antiguo compañero de Remsberg, que necesita la ayuda de este para llevar un cargamento de municiones a Fort Concho. Y, finalmente, Willard y Ellen Granger; ella ya sabemos que fue raptada por los apaches, pero por él sabemos que ella volvió con ellos por segunda vez y apreciamos el desprecio que Willard siente por su esposa.

De esta manera, nos es presentada una trama en la que se incluyen diversos temas recurrentes en el género: la caballería, los apaches sanguinarios, la venganza, la ambición, la amistad, el racismo, el mal trato recibido por los indios en las reservas y la trama que incluye una figura femenina.

Con esta presentación de personajes y la información necesaria para el espectador, se inicia el viaje hacia Fort Concho a través de un territorio en manos de Cheeba y sus apaches escapados de la reserva de San Carlos y sembrando el terror por toda la región.


Y sin andarse con vaguedades, el director nos ofrece enseguida un ataque indio muy bien rodado, con escenas de acción bien definidas, artimañas apaches perfectamente presentadas, así como sus tácticas guerrilleras para atacar el convoy. Y no falta también la contraposición de la caballería, que también usa sus conocimientos para repeler el ataque de la mejor manera posible. Para ser el primer western del director, debo felicitarle por la manera de rodar dicha batalla (me hizo incluso pensar en Ford y “La Legión Invencible”). 


A partir de aquí, se nos desvelará porqué Ellen siempre intenta volver con los apaches: cuando la raptaron tuvo un hijo y ese niño es el nieto de Cheeba. También veremos la transformación de Willard (cuando Remsberg la trae de vuelta la primera vez, su comentario deja claros sus sentimientos: “Ha muerto mi caballo y tú vives, preferiría lo contrario”) al conocer los motivos de su mujer al escaparse y nos percataremos de que sigue enamorado de ella y como Toller y McAllister irán dejando atrás la animadversión mutua para establecer una relación de respeto recíproca. También descubriremos la sutil atracción mutua entre Ellen y Remsberg. Justo antes de la salida de Fort Creel, ella vuelve a huir con los apaches y Jess vuelve a traerla de vuelta, esta vez con el niño en sus brazos.


Pero estamos en un western de “acción”, y esta no decae. Después del ataque, los supervivientes se han quedado sin agua y sin provisiones. McAllister elabora un plan para llegar al cañon del Diablo, único sitio con agua entre ellos y Fort Concho y envía a Remsberg a por refuerzos. Al iniciar la maniobra para engañar Cheeba y sus hombres, un herido y maltrecho McAllister exclama; “Vamos en busca de una tumba...o de la victoria”.


La estrategia tiene éxito, pero el grupo queda cercado en el cañon, esperando a Jess y los refuerzos del Coronel Foster (papel que interpreta el propio Nelson). Ante la gravedad de las heridas del teniente, el leal sargento Ferguson le pide a Toller (que ya había combatido a los indios) que tome el mando de la tropa. Pero los apaches causan bajas por doquier y capturan a Willard, al que torturan durante toda la noche para minar la moral de los supervivientes. Finalmente llegarán los refuerzos y Cheeba y sus hombres serán capturados y devueltos a la reserva.

En definitiva, aunque este western no aporta nada nuevo al género, estamos ante un film bastante entretenido, muy bien realizado y con muchas dosis de acción y mucha violencia. A pesar que presentarnos a unos apaches crueles y sanguinarios (“Ellen: ¿Vas a matarme? Cheeba: No, te enterraré viva en la tumba de mi hijo, junto a su cuerpo”), también se les dan razones de peso para justificar su comportamiento: “McAllister: eso quiere decir que Cheeba viene por el norte matando a todo el que se encuentra. Remsberg: No le faltan razones Scotty. Los apaches han sido encerrados en esa infernal reservade San Carlos engañados, perseguidos, asesinados...”

 

El director resuelve perfectamente las escenas de acción y sabe utilizar la cámara en los espacios abiertos; me reitero en las imágenes aéreas del inicio....muy conseguidas.


Si os gusta la acción, la caballería y los apaches, no quedaréis defraudados y pasaréis un buen rato disfrutando del film, que no tiene altibajos y giros extraños de guión que entorpezcan el visionado o hagan decaer lo que esperamos de él: una buena “peli de vaqueros” sin más pretensión que entretener al espectador aficionado.

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Por: Xavi J. PruneraNota: 6,5
 
SINOPSIS: El teniente McAllister (Bill Travers) recibe la orden de transportar un cargamento de municiones a través de territorio apache. Para ello sólo cuenta con un pequeño destacamento formado por inexpertos soldados de caballería. Les acompaña Jess Remsberg (James Garner), un veterano explorador del ejército que intenta encontrar a Ellen Grange (Bibi Andersson), una cautiva de los apaches que, después de haber sido liberada, inexplicablemente ha vuelto con ellos. A ellos se les une Tollen (Sidney Poitier), un elegante y cínico hombre de negocios, y Willard Grange (Dennis Weaver), un mezquino comerciante más interesado en aprovechar la presencia de la caballería para llevar sus mercancías a Fort Concho que no en colaborar en el rescate de su esposa. 


Si “Duelo en Diablo” fuera un clásico diría de él que la historia me parece excesivamente trillada. Que al reparto le falta algún intérprete de relumbrón. Que poco aporta al género y que no destaca especialmente en nada. Pero como no es el caso, voy a ser todo lo bondadoso que pueda con este “western de fondo de armario” (como leí no sé dónde) y procuraré destacar todos los aspectos positivos que he detectado en él.


Para empezar diré, por ejemplo, que su secuencia-prólogo me encanta. Que eso de empezar con un tío colgando bocabajo y con Garner y los apaches intercambiando disparos me parece cojonudo. Pero si algo me parece poco menos que magistral de esta primera secuencia es ese travelling que —poco antes de los títulos de crédito— retrocede poco a poco hacia atrás mientras la cámara se eleva y nos muestra una imagen aérea del desierto de Utah absolutamente espectacular.


A partir de aquí señalar, esencialmente, que nos hallamos ante un western de acción. Ante un western que —más que sentar cátedra— lo que pretende es entretener al personal con una historia convencional y unas secuencias de peleas, tiroteos y emboscadas muy bien rodadas. Con pulso, energía y dinamismo. Y en eso nada podemos reprocharle a Ralph Nelson, su director, un tipo que cumple y con creces con un western que hará las delicias de los que buscan en este género un más que digno producto de distracción con todos sus elementos iconográficos (indios, rastreadores, caravanas, caballería…) perfectamente ordenados y dispuestos para lo que haga falta.


Naturalmente, “Duelo en Diablo” no es sólo eso. Nelson intenta abordar con cierto ahínco, por ejemplo, el problema del racismo y el mestizaje en la sociedad de la época, pero la verdad es que —al final— todo ello queda bastante difuso y/o diluido. Sin que podamos llegar a deducir o a interpretar nada concreto de su supuesto mensaje. Aún así, los comportamientos y actitudes de los cinco protagonistas al respecto no dejan de ser realmente curiosos e interesantes.


Y poco más. Añadir, quizás, que otro de los máximos alicientes de “Duelo en Diablo” son sus extraordinarios paisajes (buena fotografía de Charles F. Wheeler), que la inquietante banda sonora de Neal Hefti no está nada mal, que pese a no tener ningún intérprete de relumbrón los cinco protagonistas (Garner, Poitier, Andersson, Travers y Weaver) ejecutan su trabajo de forma bastante correcta y solvente y que —no siendo esta peli nada del otro jueves— tampoco deja de ser, en líneas generales, un western que se deja ver con sumo agrado.