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jueves, 15 de marzo de 2018

BUSCA TU REFUGIO

(Run for cover) - 1955

Director: Nicholas Ray
Guion: Winston Miller. Basado en la obra de Harriet Frank Jr. e Irving Ravetch

Intérpretes:
- James Cagney: Matt Dow
- Viveca Lindfords: Helga Swenson
- John Derek: Davey Bishop
- Jean Hersholt: Mr. Swenson
- Grant Withers: Gentry
- Jack Lambert: Larsen
- Ernest Borgnine: Morgan
- Ray Teal: Sheriff

Música: Howard Jackson
Productora: Paramount Pictures
País: Estados Unidos

Por: Xavi J. Prunera. Nota: 7’5

“En nuestro país los hijos no decían ‘no te preocupes’ cuando los padres ordenaban algo” (Mr. Swenson) “Por eso me gusta América” (Helga Swenson)” 


SINOPSIS: Matt Dow, un expresidiario que viene de cumplir 6 años de cárcel, es confundido por un peligroso atracador. Durante el tiroteo, un joven al que acaba de conocer (Davey Bishop), cae gravemente herido. Acogido por la comunidad que lo ataca por error, Dow acaba haciéndose respetar en el pueblo, convirtiéndose en su sheriff y prometiéndose con una preciosa chica. Sin embargo, los problemas con su amargado “hijo adoptivo” (Bishop) no harán más que empezar.


“Busca tu refugio” es una de esas pequeñas joyas del western que apenas nadie conoce y que, sin ser ningún peliculón, merece —a mi juicio— una justa, necesaria y proporcionada reivindicación. Espero, sinceramente, que mi reseña contribuya a ello.


Estamos, por de pronto, ante un western de Nicholas Ray. El autor —entre otros— de títulos tan míticos como “En un lugar solitario”, “Rebelde sin causa” o “Johnny Guitar”. Un dato que, sin lugar a dudas, ya nos ofrece —de entrada— cierta garantía de calidad y, sobre todo, de sello autoral. No en vano, Nicholas Ray fue un cineasta con una estética y una temática muy personales y eso podemos constatarlo no tan sólo en sus películas más conocidas sino también en films más modestos como el que hoy nos ocupa.


Así pues, desde un punto de vista puramente estético o formal, cabe mencionar el empleo, en esta peli, de VistaVision, un procedimiento de impresión fotográfica que proporcionaba una gran nitidez de imagen. Y eso, unido a la habitual solvencia de Ray tras las cámaras y los impresionantes exteriores que luce “Busca tu refugio” (recordemos que parte de ella se rodó en el Parque Nacional Azteca de Nuevo Mexico) hacen de esta peli un western con un acabado visual francamente extraordinario.



Pero si algo distingue a las películas de Ray ese algo es, sin lugar a dudas, su aspecto temático. Y es que aunque “Busca tu refugio” es una peli que no se aparta ni un milímetro de lo que viene a ser la narrativa clásica tradicional (con su ritmo, su orden y su causalidad), los temas en los que ahonda Ray en este western son muy personales y, por consiguiente, muy habituales en sus películas. Así, Matt Dow (James Cagney), el protagonista, es (como Vienna o Johnny Guitar en “Johnny Guitar”) un héroe veterano, desarraigado y con un oscuro pasado que pesa sobre sus espaldas como una verdadera losa, mientras que Davey Bishop (John Derek), su compañero, también es un joven sin familia cuya lesión, rebeldía (por ahí aparece la inevitable comparación con el Jim Stark de “Rebelde sin causa”) y complejidad psicológica lo convierten —a su vez— en un chico solitario, ambiguo y amargado.


A partir de estos dos ejes, Nicholas Ray lo que hará será tejer una singular relación paternofilial. Una relación que, como es natural, nace a causa del hijo perdido de Dow y del padre que Davey (huérfano desde niño) nunca conoció. Sin embargo, esa relación nunca acabará de funcionar. Y no acabará de funcionar porque, por mucho empeño que Dow le eche para convertirse en un buen padre, por mucho que proteja a su “ahijado” y le conceda múltiples oportunidades para trabajar, integrarse en la sociedad, enmendar sus errores y construir una relación de confianza mutua, Davey decepcionará a su “padre adoptivo” —inexorablemente— una vez tras otra. Una terrible y despiadada frustración que le otorga a este western una pátina de tristeza, desencanto y fatalidad muy a tener en cuenta y que nos remite a la siguiente (y desoladora) moraleja o conclusión: el que es malo por naturaleza difícilmente dejará de serlo por muchas oportunidades que se le den.


Afortunadamente, “Busca tu refugio” también tiene buenos momentos. Y entre ellos cabe destacar la algo cándida historia de amor entre Matt y Helga y las pinceladas de comicidad (pocas pero destacables) que Ray decide imprimir al, por otro lado, duro y electrizante James Cagney. Un actor que, pese a no ser un habitual del género (lo suyo, sin lugar a dudas, eran las pelis de gángsters), borda su papel. John Derek y Viveca Lindfords, por su parte, están simplemente correctos.


En fin, que estamos ante un western muy entretenido que no decae en ningún momento y que, pese a no ser la octava maravilla del género, cuenta con buenos diálogos, persecuciones, encuentros con los indios, robos, linchamientos, puñetazos, trifulcas en el saloon y tormentas de arena. Si a ello le añadimos que, como ya hemos comentado, también se halla muy presente en él el inconfundible sello Nicholas Ray mi pregunta es: ¿Qué más se le puede pedir a un western? Que lo disfrutéis.




jueves, 25 de enero de 2018

ODIO CONTRA ODIO

(The Halliday brand, 1957)

Dirección: Joseph H. Lewis
Guion: George W. George, George F. Slavin

Reparto:
- Joseph Cotten: Daniel Halliday
- Viveca Lindfords: Aleta Burris
- Betsy Blair: Martha Halliday
- Ward Bond: Big Dan Halliday
- Bill Williams: Clay Halliday
- Jay C. Flippen: Chad Burris
- Christopher Dark: Jivaro Burris
- Jeannette Nolan: Nante
- Peter Ortiz: Manuel

Música: Stanley Wilson
Productora: Collier Young Production (USA). Distribuida por la United Artits

Por Jesús Cendón. NOTA: 7

“Yo levanté este pueblo desde sus ruinas. Lo hice con mano dura y así he actuado como sheriff. Es el único modo que conozco. Tal vez mandé matar a algún inocente pero tuve que hacerlo. Esas cosas suceden. Tienes que entender que es por el bien de todos” (Big Dan Halliday a su hijo Daniel delante de su hija, Martha, y del cadáver de Jivaro, prometido de esta).



Joseph H. Lewis es un director caído en el olvido que afortunadamente está siendo reivindicado en la actualidad, especialmente por sus incursiones en el thriller y en el cine negro con títulos tan atractivos como “Mi nombre es Julia Ross” (1945), “Relato criminal” (1949) y, sobre todo, las excelentes “El demonio de las armas” (1950) y “Agente especial” (“The Big Combo”,1955).



Su aportación al wéstern, sin llegar al nivel de sus noir, no carece de interés; siendo sin duda “Odio contra odio” su propuesta en este género más personal, atractiva y conseguida en la que se aprecia su rica experiencia en el cine negro tanto desde el punto de vista estético, con una fotografía caracterizada por los acentuados contrastes de la iluminación, como desde el punto de vista argumental, al cobrar gran importancia temas recurrentes en el citado género como la fatalidad y el peso del destino.



ARGUMENTO: Big Dan Halliday, ganadero y sheriff de una población fronteriza, se comporta de forma despótica como dueño y señor de haciendas y personas. Padre de tres hijos, la tragedia estallará en la familia tras haber permitido el linchamiento del prometido mestizo de su hija.



La película es un claro ejemplo del grado de madurez alcanzado por el wéstern en la década de los años cincuenta, con la proliferación de argumentos cada vez más complejos, y se incluye dentro de lo que podríamos denominar wésterns sobre dramas familiares, cuyas historias se centran en los conflictos surgidos en el interior de una familia de grandes terratenientes en la que, generalmente, el progenitor mantiene una actitud tiránica. Así, entroncaría con películas como “Duelo al sol” (King Vidor, 1946), “Las furias” (Anthony Mann, 1950) o la ya reseñada “Lanza rota” (Edward Dmytryk, 1954), con las que además comparte como arco argumental la denuncia del racismo latente en la sociedad.



No obstante, a diferencia de los anteriores, el filme contó con un presupuesto muy limitado (estamos ante una producción independiente de Collier Young distribuida por la United Artits, compañía cinematográfica especializada en dar su apoyo a este tipo de productos) y, como tal, atesora las principales virtudes del wéstern serie b, entre ellas su concisión. Así el director tan sólo necesito setenta y cinco minutos para desarrollar una historia de enfrentamientos intergeneracionales de gran profundidad. Muestra de esta exactitud y precisión a la hora de narrar es la primera y magnífica escena que, a través de un gran plano secuencia, nos introduce de lleno en el drama.





Junto a la capacidad de síntesis mostrada por Joseph H. Lewis, el filme destaca por su cuidado aspecto formal gracias tanto al director como a su operador Ray Renahhan, un gran director de fotografía galardonado por dos veces con el Oscar (“Lo que el viento se llevó” y “Sangre y arena”) y responsable de la fotografía de la mencionada “Duelo al sol”. Ambos dotan al filme de un marcado estilo expresionista, no sólo por la acentuación de los claroscuros, sino por la concepción de determinadas escenas, entre las que destaca la del asalto a la cárcel con el objeto de linchar a Jívaro, prometido de la hija de Big Dan Halliday, en la que se aprecia la huella de cineastas como Murnau y Lang. Además, Lewis nos ofrece toda una lección respecto a la utilización de la grúa y de los travellings, construyendo el filme a través de planos secuencia; y se muestra especialmente inspirado en la composición de los planos con una perfecta utilización de la profundidad de campo. Muestra del perfeccionismo formal alcanzado por la cinta es la secuencia protagonizada por Daniel y Aleta en torno a una fogata que sobresale por su peculiar belleza y su carácter onírico.



Pero el filme no es tan sólo un mero ejercicio de estilo vacío, sino que el virtuosismo técnico está al servicio de una historia, narrada a través de un extenso flashback, desgarradora y crudísima sobre el odio creciente entre un padre y su hijo con el racismo como telón de fondo.



Ward Bond, magnífico una vez más, encarna a Big Dan Halliday, un papel pensado para Charles Bickford. El típico hombre creado a sí mismo que no sólo levantó un gran imperio ganadero, sino que construyó una ciudad arrebatándoles el terreno a los indios. Es a la vez el dueño del rancho más grande de la comarca y el sheriff del lugar, manejando a su antojo todos los resortes del poder y grabando de forma real o simbólica su marca en todo y en todos (de ahí el título original, “The Halliday brand”). Acostumbrado a imponer su voluntad, no admite actuaciones y opiniones contrarias a los suyas; y aunque aparentemente tolera a los indios, incluso les cede tierras, no soportará el noviazgo de su hija con un mestizo al que, acusado de un asesinato, no protegerá permitiendo su ejecución.



A Joseph Cotten, sin duda un gran actor, se le ve incómodo en el papel de Daniel, el primogénito de Big Dan, quizás porque Ward Bond tan sólo era dos años mayor que él. Daniel, tan orgulloso como su padre, urdirá un plan tendente a aislar a su progenitor mostrándole vulnerable, con lo que perderá la confianza y el apoyo de sus vecinos. Así, al igual que el profeta homónimo, anunciará el final del imperio construido por su padre. Pero en el desarrollo del mismo se mostrará tan despiadado y cruel como Big Dan, de tal forma que Aleta, hermana de Jivaro por la que se siente atraído Daniel, le comentará: “Te has convertido en el hombre que odiabas”.



La disputa entre ambos culminará en una brutal pelea con graves consecuencia tanto físicas como emocionales para Big Dan. Aunque este, no acostumbrado a la derrota y a pesar de estar gravemente enfermo, intentará vengarse y acabar con su hijo hasta el último momento.



Como aspecto negativo del filme debo destacar los errores en el casting que deslucen en parte el resultado final. A un inapropiado Cotten hay que añadir a la actriz sueca Viveca Lindfords poco convincente como Aleta, personaje para el que se contó inicialmente con Debra Paget, y a Betsy Blair demasiado apagada como Martha Halliday. Una lástima, porque ambos personajes son interesantes y se muestran más racionales que los pasionales personajes masculinos.



De todos modos, “Odio contra odio” es un wéstern diferente, esplendido y oscuro, en el que tan sólo la última escena edulcora un poco la dureza del mismo, que, sin duda, hubiera tenido un final más acorde con el tono empleado si hubiera finalizado en la secuencia anterior, con el padre enfermo en su habitación y abandonado por sus hijos.