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jueves, 23 de febrero de 2017

LA HORA DE LAS PISTOLAS

(Hour of the gun - 1967)

Director: John Sturges
Guion: Edward Anhalt
Intérpretes:
- James Garner: Wyatt Earp
- Jason Robards: Doc Holliday
- Robert Ryan: Ike Clanton
- Jon Voight: Curly Bill Brocius
- Albert Salmi: Octavius Roy

Música: Jerry Goldsmith
Productora: The Mirisch Corporation
País: Estados Unidos

Por: Güido Maltese. Nota : 6,5

Wyatt Earp: “Voy a contar hasta tres....puedes disparar al dos....yo esperaré al tres”




Exactamente 10 años después de la grandísima “Duelo de titanes”, John Sturges retoma la historia del duelo de O.K. Corral, pero esta vez arranca dónde acabó la anterior. Es decir, nos cuenta lo ocurrido después del famoso duelo.




Tras el tiroteo, Ike Clanton acaba con Morgan y deja lisiado a Virgil, lo que conducirá a Wyatt a querer vengar a sus hermanos a cualquier precio.



En cuanto al western se refiere, la década de los 50 fue la edad de oro de Sturges. Empezando con “Fort Bravo”en 1953 y culminando con “Los 7 magníficos” en 1960, nos regaló grandísimos films del género: “ El sexto fugitivo”, “Desafío en la ciudad muerta”, “El último tren de Gun Hill” y su, para mí, obra cumbre “Duelo de titanes” (sin olvidarnos de ese western moderno que es esa maravilla titulada “Conspiración de silencio”). Auténticos clásicos a la altura de los más grandes.



Pero la siguiente década, y me sigo refiriendo al western en concreto, no fue tan brillante ni mucho menos. Y en esa falta de brillantez se encuentra el film que hoy nos ocupa. No es una mala película en absoluto, incluso creo que se la suele valorar muy por debajo de lo que merece, pero está muy, muy lejos de los grandes westerns del bueno de Sturges.



Estamos ya en las horas bajas del género y el Spaghetti Western está en pleno auge. De ahí que este film tenga altas dosis de violencia, sin dejar de ser bastante melancólico y crepuscular. Aún no había llegado “El grupo salvaje” de Peckinpah, pero Sturges ya nos enseña más violencia de la que estamos acostumbrados viniendo de Hollywood. 


Y se respira un tono bucólico durante el transcurso de la historia, que llega a su cima al final con la despedida de Wyatt y Doc en el hospital en el que Holliday acabará sus días. 




En el aspecto técnico del film destacan, sobretodo, la perfecta fotografía de Lucien Ballard, habitual de Hathaway (“Los 4 hijos de Katie Elder” o “Valor de ley”) y de Peckinpah (“Duelo en la Alta Sierra” o “Grupo Salvaje) y la magistral B.S.O. del gran Jerry Goldsmith. 



Ballard cumple con creces su cometido, con grandes planos de la árida Arizona y encuadres perfectos de los personajes y las situaciones y Goldsmith le acompaña con una música totalmente integrada con las imágenes que vamos viendo.


No tan bueno es el guión, que decae por momentos e incluso en algunas partes del film nos hace perder interés por la trama la cual, por otra parte, tiene fases mal desarrolladas que hacen perder el hilo de la historia. Aunque todo se desarrolla de una forma más o menos ágil, no consigue atraparte.



En interpretación tenemos una de cal y otra de arena. Por un lado James Garner, actor que a mí me cae extremadamente simpático, pero que no está a la altura de su personaje ni tiene dotes suficientes para sacar todo el partido posible que le ofrecía el papel. Demasiado hierático e inexpresivo y con ausencia del carisma necesario para compensar esa inexpresividad. Le van mejor sus papeles de cowboy desenfadado y simpático (“También un sheriff necesita ayuda” o “Látigo”).



Por el otro lado tenemos al inconmensurable Jason Robards, uno de mis actores favoritos, que llena la pantalla cada vez que aparece. Sin llegar al nivel de su personaje de Cheyenne en “Hasta que llegó su hora” o su Cable Hogue de “La balada de Cable Hogue”, deja su magnífica presencia y “savoir faire” en su interpretación.


Y no puedo dejar de mencionar a uno de los mejores secundarios de Hollywood, el siempre perfecto Robert Ryan. Lástima que este film aparece menos de lo deseable. También tiene un pequeño papel Jon Voight, supongo que de los primeros de su carrera.



En definitiva, un western bastante decente, pero muy lejos de lo que nos tiene acostumbrados Sturges que, aunque dirige más que correctamente, no consigue dotar de “magia” su realización. Y repito que es un film que suele ser, injustamente, más infravalorado de lo que merece.


jueves, 25 de febrero de 2016

COLORADO JIM

(The Naked Spur) - 1953
Director: Anthony Mann
Guion: Sam Rolfe, Harold Jack Bloom

Intérpretes:
- James Stewart: Howard Kemp
- Janet Leigh: Lina Patch
- Robert Ryan: Ben Vandergroat
- Ralph Meeker: Roy Anderson
- Millard Mitchell: Jesse Tate

Música: Bronislau Kaper
Productora: Metro Goldwin Mayer
País: Estados Unidos


Por: Jesús CendónNota: 8

Ben Vandergroat: "Escoger una u otra muerte ¿qué más da? Escoger una u otra vida, eso es lo difícil"

Tercera de las cinco colaboraciones westerns entre Anthony Mann, director, y James Stewart, protagonista, escrita en esta ocasión por Sam Rolfe y Harold Jack Brown como sustitutos del habitual Borden Chase. Si en “Wínchester 73” se abordaba el tema de la venganza y “Horizontes lejanos” se centraba en la difícil regeneración de los pistoleros, este filme va a pivotar en torno a dos temas entrelazados: la codicia y la impostura, a través del viaje, físico y moral, de unos individuos en cuyo final catártico les espera la muerte, real o simbólica.


La película se construye en torno a las relaciones de los únicos cinco personajes con entidad (tan sólo aparecen unos indios aniquilados por los protagonistas en una escena extremadamente violenta para la época) que, salvo en el caso de Lina, se nos presentan como ambiguos, cuando no abiertamente negativos.


Así nos encontramos con Howard Kemp, extraordinario como siempre James Stewart, un individuo que tras perder su rancho se ha convertido en cazador de hombres y presenta cierta querencia por la violencia; además en su afán por no compartir la recompensa dejará que se mantenga el equívoco sobre su persona al entender erróneamente dos de sus compañeros que es un sheriff. Hombre desengañado, tan sólo conseguirá redimirse al final gracias al amor de Lina, único personaje positivo, a la que dio vida una muy adecuada Janet Leigh en el mejor momento de su carrera.


En el polo opuesto se encuentra Ben, encarnado por un gran Robert Ryan que bordaba estos papeles. Es el hombre al que persigue Howard para cobrar su recompensa. Estamos ante individuo sin escrúpulos pero de gran inteligencia (por momentos el director parece mostrar predilección por él) que se vale de esta para engañar a sus compañeros de viaje y provocar fisuras en la relación existente entre estos.



Personaje seductor, mantendrá engañada hasta el final a Lina con su falsa actitud tendente a protegerla y al mostrarse como el sustituto de su padre del que era amigo; de tal forma que a lo largo del filme, y aprovechándose de su inocencia, se valdrá de ella para conseguir sus propósitos.


Junto a ellos dos personajes que se unirán a Howard con el objeto de cobrar la recompensa ofrecida por Ben, Roy (Ralph Meeker), un oficial licenciado con deshonor por su conducta libidinosa que encarna valores opuestos a los habitualmente atribuidos a los hombres de azul y será víctima de su codicia al intentar recuperar el cuerpo de Ben; y Jesse (Millard Mitchell) un veterano buscador de oro sin suerte que sueña todavía con encontrar su gran mina; personaje propio del romanticismo y como tal con un destino presidido por el infortunio. En su ingenuidad y aprovechándose de su avaricia será engañado por Ben, originando el fatal desenlace de la película.


Con estos únicos cinco personajes Mann construye una gran película en la que demuestra su sabiduría para rodar en exteriores, además de crear una tensión creciente (excelente la escena de la cueva) que culmina con una antológica secuencia desarrollada en los rápidos de un río caracterizada por la sabia utilización de la profundidad de campo y por la perfecta planificación, de tal forma que en un magistral plano vemos maniobrar a la vez a Howard y Ben justo antes de su enfrentamiento final.



Violencia, personajes moralmente ambiguos, individuos que tratan de ocultar su verdadera personalidad, la codicia como eje principal de la película; sin duda estamos ante un western profundamente moderno que anuncia claramente la evolución posterior del género.



TRAILER:


lunes, 18 de enero de 2016

LOS PROFESIONALES

(The Professionals) - 1966
Director: Richard Brooks
Guion: Richard Brooks

Intérpretes:
-Lee Marvin: Henry “Rico” Fardan
-Burt Lancaster: Dolworth
-Claudia Cardinale: María
-Robert Ryan: Ehrengard
-Jack Palance: Jesús Raza
-Ralph Bellamy: Grant
-Woody Strode: Jake

Música: Maurice Jarre
Productora: Columbia Pictures-Pax Enterprises
País: Estados Unidos

Por: Güido Maltese. Nota: 8

Grant: ¡Fardan, es usted un bastardo!!!
Fardan: Si, señor. ¡Pero lo mío es un accidente de nacimiento y usted se ha hecho a sí mismo!

He aquí, en mi opinión, un buen western:
El terrateniente Grant forma un grupo de hombres para rescatar a su mujer que ha sido secuestrada por el bandido revolucionario Jesús Raza . El grupo está capitaneado por Henry "Rico" Fardan, acompañado por Dolworth, experto en explosivos, Erenghard experto en caballos y Jake Sharp experto rastreador y hábil con el arco.



El grupo se interna en México, ya conocido por Fardan y Dolworth que participaron en la revolución con Pancho Villa, y libera a la mujer para conocer la verdad que se esconde tras el secuestro.



Me encanta ésta película sobre todo por las interpretaciones y la acción continua que mantiene a lo largo de todo el metraje.



Marvin está inmenso en el papel del veterano soldado férreo y con un gran sentido del honor y, a la vez, amargado por la trágica muerte de su esposa. Lancaster, cómo el amigo fiel de Fardan, pero más despreocupado y sin escrúpulos y atraído por las mujeres y el dinero, en un papel muy a su medida (Recordemos “Veracruz”). Robert Ryan y Woody Strode muy correctos (quizás Ryan está un poco descolgado en la película, no sé si por su actuación o por el papel que interpreta). Claudia Cardinale, bella y salvaje, está perfecta en su papel de la mejicana de buena familia, casada con el terrateniente rico de la fronteriza Texas.


Palance, cómo siempre, bordando su papel. E incluso Ralph Bellamy, destaca cómo el terrateniente sin escrúpulos para conseguir lo que desea.


Hay otro papel secundario que me atrae mucho y es el de la teniente "Chiquita" (Marie Gómez), uno de los mejores guerrilleros de México en palabras de Dolworth ("No sabe bailar, pero qué gran soldado").



La película está rodada en su mayor parte en el desierto de Nevada y la fotografía es más que correcta. No hay grandes paisajes, pero se aprovecha al máximo el caluroso desierto, con sus cañones y desfiladeros, para que sea muy creíble la sierra mexicana. 

Y la acción no decae un sólo instante, manteniendo la atención del espectador de principio a fin.



En fin, un western de acción, en la línea de “Los doce del Patíbulo”, más que decente y con buenas interpretaciones a cargo de asiduos del género.

Memorable la conversación en Marvin y Lancaster: 
-Dolworth- ¿Que tiene una mujer que haga que valga 100.000$? 
-Fardan- Debe ser de esas mujeres que hacen que algunos niños se conviertan en hombres y algunos hombres en niños.



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Por: Jesús Cendón. Nota: 9


Richard Brooks, un profesional encuadrado dentro de la ideología liberal, tan sólo había rodado un western (la estupenda “La última cacería”, en la que a través de un sombrío Robert Taylor abordaba el tema del racismo) cuando decidió acometer este proyecto; un western a la vez clásico y moderno, vitalista pero crepuscular al presentarnos a unos personajes con más pasado que futuro, son individuos del siglo XIX con difícil encaje en el pragmático siglo XX por lo que terminarán buscando su refugio en México, último territorio fronterizo y país en construcción al estar envuelto en un proceso revolucionario.

El filme relata la historia de cuatro mercenarios que son contratados por un magnate para recuperar a su mujer secuestrada por un bandido mexicano que pide por su liberación 100.000 dólares. Este viaje supondrá para dos de ellos enfrentarse a su pasado y cuestionarse su evolución vital marcada por el desengaño (antiguos revolucionarios y, como tales, idealistas han devenido en dos individuos cínicos al servicio de aquel que pueda costearse sus servicios). Este hecho le permite a Brooks llevar a cabo una de las más lúcidas reflexiones cinematográficas sobre la revolución y el desencanto a través de unos extraordinarios diálogos (escritos por el propio Brooks que estuvo nominado al Oscar en su doble faceta de director y guionista) presentes en las escenas más intimistas de la película que aparecen perfectamente entrelazadas con las secuencias de acción. Así, Brooks utiliza la revolución mexicana como arquetipo del proceso revolucionario (debemos tener en cuenta la fecha de producción del filme durante una década convulsa como fue la de los sesenta), para darnos una visión desoladora de este ya que sus protagonistas, la gente llana que se jugó la vida y en muchos casos la perdió, es traicionada cuando entran en acción los políticos, por lo que su mísera existencia apenas es mejorada.

Su posicionamiento sobre esta cuestión queda perfectamente resumido por Dolworth al señalar que: “Tal vez sólo haya una revolución. La de siempre. La de los buenos contra los malos. La pregunta es ¿Quiénes son los buenos?”, para al final de la película aseverar que: “Los políticos entran en acción y el resultado es siempre igual, una causa perdida”.

Igualmente se aprecia una crítica al racismo todavía imperante en la sociedad norteamericana en el siglo XX (el magnate les pregunta al resto de profesionales si tienen algún inconveniente en trabajar con un negro) y, sobre todo, a la injerencia, político-económica, de los EEUU en Sudamérica y al desarrollo de su política colonialista e imperialista en este subcontinente iniciada a partir del denominado Corolario Roosevelt de 1904 que, en la época en la que se desarrolla el filme, dio lugar a la famosa expedición punitiva del general Pershing en México con la intención de acabar con Pancho Villa (1914). En este sentido cobra gran importancia la conversación de María en la que afirma que: “Mi marido ha robado millones a esta tierra”, refiriéndose lógicamente a México.

Al mismo tiempo, el filme se configura como un canto a la solidaridad, amistad, dignidad y honor a través de estos cuatro profesionales, para los que se contó con un reparto excepcional. Lee Marvin, convertido por fin en una gran estrella, da vida a Fardan, un experto en armamento. A Burt Lancaster Brooks le regaló un papel hecho a su medida (el actor había obtenido su único Oscar con otra película de Brooks, “El fuego y la palabra”) que le permitió mostrar su espléndida condición física con cincuenta y tres años al interpretar al dinamitero Dolworth. Ambos demostrarán al final de la película que, a pesar de su aparente cinismo, siguen siendo los mismos soñadores idealistas que lucharon durante seis años sin cobrar al lado de Pancho Villa, ya que antepondrán sus principios y su concepto de la justicia a la obtención del beneficio económico. Un avejentado Robert Ryan es Ehrengard, antiguo oficial de caballería y apasionado por los equinos; quizás sea el personaje más desdibujado. Y Woody Strode, actor habitual de John Ford, aporta su físico rotundo a Jake, hábil rastreador y mortal con el arco.

El reparto se completa con Ralph Bellamy como el tiránico y despótico magnate, incapaz de soportar un fracaso. Una bellísima Claudia Cardinale en el rol de María, la esposa del anterior pero que mantienen su conciencia de clase. Y Jack Palance como Jesús Raza, el revolucionario que “rapta” a María (curioso que se llame Jesús y que mantenga una especial relación con María, aunque no sé si hay algún tipo de intención en ello) para el que Brooks reserva algunas de las mejores frases de la película. Así en su memorable enfrentamiento final con Dolworth afirmará en relación con su actitud al frente del proceso revolucionario que: “Nos quedamos porque tenemos fe. Nos marchamos porque nos desengañamos. Volvemos porque estamos perdidos. Morimos porque es inevitable”.


Filme, por tanto, de acción pero también reflexivo se completa con una gran banda sonora compuesta por Maurice Jarre que capta perfectamente el aliento épico de la película y una extraordinaria labor de Conrad Hall como director de fotografía, a través de la cual sentimos el agobiante calor del desierto, el frío nocturno o el insoportable viento que levanta el asfixiante polvo del camino.

Sólo me queda invitaros a que compartáis el viaje con cuatro personajes inolvidables y que descubráis junto a “Los profesionales” qué hace que una mujer valga 100.000 dólares.

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Por: Xavi J. Prunera Nota: 9


Ignoro hasta qué punto resulta higiénico y saludable enfrentarse a una peli como “Los profesionales” la noche más calurosa del año, pero os aseguro que hacerlo con el torso empapado en sudor y el gaznate más seco que el desierto de Mohave ayuda -y mucho- a empatizar instantáneamente con esos cuatro mercenarios románticos (Lancaster, Marvin, Ryan y Strode) que protagonizan este enorme western.

Entrado ya en situación, sin embargo, decidí prepararme un refrescante mojito para paliar los efectos de esa despiadada canícula que hacía estragos a ambos lados de la pantalla. Un par de sorbos después me sentí mejor, pero las infernales temperaturas reinantes en la frontera mejicana se habían cobrado ya su primera víctima. Afortunadamente todo quedó en una inocua insolación y ese cuarteto de tipos duros, bregados en mil y una batallas, pudo proseguir con la misión encomendada: liberar a la bella esposa (Cardinale) de un rico terrateniente (Bellamy) de las garras de un temible revolucionario (Palance).

Apurado mi primer buchito, decidí prepararme el segundo. En la terraza el aire caliente podía mascarse y un pegajoso bochorno pugnaba por dilatar todos y cada uno de los poros de mi cuerpo. Eran las 23:25 h. y el termómetro registraba 31º. Mientras tanto, la imagen de Lancaster colgado por los pies coincidía con la de una primera gota de sudor resbalando perezosa e implacablemente a lo largo de mi espina dorsal. Succioné con fruición lo que quedaba de mojito, le di al pause y fui a picar más hielo.

Preparado mi tercer trago, recapitulé sobre lo que estaba viendo. Por el momento la peli de Brooks evidenciaba ser un western muy bien armado que -a simple vista- discurría por los típicos derroteros del género ;) y que, merced a su estratosférico elenco, podía degustarse con el mismo deleite con el que un servidor estaba dando buena cuenta de su tercer añejo. Lo mejor, sin embargo, aún estaba por llegar. El rescate de María (bocatta di cardinale) y la consiguiente persecución de nuestros cuatro protas por parte de Raza (Palance) y los suyos elevaba el listón de la peli hasta niveles pura y genuinamente peckinpahianos. Le dí nuevamente al pause y trituré algo más de hielo. Sin lugar a dudas, necesitaba un nuevo lingotazo (¿el cuarto?) para combatir la pertinaz y abrasadora atmósfera que reinaba tanto en mi terraza como en la quebrada donde Palance y Lancaster sostenían, a punta de pistola, uno de los diálogos más crepusculares de la historia del género. Me froté los ojos y miré de reojo la botella de ron. Estaba prácticamente vacía, de acuerdo, pero esos diálogos no podían ser fruto de mi imaginación.

Diez o quince minutos después, cuando el pertinente THE END sobreimpresionaba los últimos fotogramas de aquella maravilla, comprendí dos cosas: que mi estado de embriaguez era algo más que sospechoso y que acababa de ver un western a-co-jo-nan-te.

(Reseña publicada por Xavi J. Prunera en FilmAffinity el 24-7-09)

TRAILER

domingo, 20 de diciembre de 2015

GRUPO SALVAJE

(The Wild Bunch) - 1969

Director: Sam Peckinpah
Guión: Walon Green y Sam Peckinpah

Intérpretes:
- William Holden: Pike Bishop
- Ernest Borgnine: Dutch Engstrom
- Robert Ryan: Deke Thornton
- Warren Oates: Lyle Gorch
- Ben Johnson: Tector Gorch
- Edmond O´brien: Freddie Sykes
- Jaime Sánchez: Ángel
- Emilio Fernández: Mapache
- Strother Martin: Coffer
- L.Q. Jones: T.C.

Música: Jerry Fielding
Productora: Warner Bros.
País: Estados Unidos

Por: Güido Maltese. Nota: 9

Dutch: “¡Maldita sea ese Deke Thornton!!!”
Pike: “¿Qué harías tú en su lugar?....¡ha dado su palabra!”
Dutch: “¡Le dio su palabra a un ferrocarril!!!”
Pike: “¡Es su palabra!!!”
Dutch: “¡Eso no importa!!!....¡Lo que importa es a quién se le da!!!”

Tengo el gran honor de encargarme de esta reseña que da nombre a nuestro blog.....gracias a mis compañeros Jesús, Valen y Xavi por no discutir en ningún momento sobre quién sería el responsable de la reseña “estrella” que da nombre a nuestro grupo de amantes del Western.


¿Qué es lo que me atrae a mí del western?: ¿Los tiros? ¿Los grandes espacios? ¿Las armas? ¿Las peleas?....nada de eso, debo ser muy romántico, porqué lo que a mí me llena de las películas del Oeste son la Amistad, la Lealtad, el Honor y el Orgullo que se describen en muchas de ellas. Y esta que nos ocupa tiene grandes dosis de todo ello, de ahí que sea uno de mis westerns preferidos. Si a esto le unimos que está dirigida magistralmente por el sin par Sam Peckinpah e interpretada notablemente por unos grandes actores del Hollywood clásico (Holden, Borgnine, Ryan, O`Brien...), del que soy gran amante también, pues me presenté voluntario sin dudarlo para  comentar este grandioso film e intentar darle la dimensión que se merece.


Ante todo, hay que dejar claro que estamos ante un western de los denominados “crepusculares”. De hecho, aunque existan antecedentes que veremos a continuación, lo considero el western que inauguró el término “Crepuscular” en el género.



En 1956, John Ford, en una de sus obras maestras, nos adelantó un esbozo del personaje “crepuscular” encarnado por Ethan Edwards en “Centauros del Desierto”. Ese hombre que no encuentra su sitio en los tiempos que corren, que no es capaz de cambiar y adaptarse a las nuevas formas de vida de los que le rodean, que permanece anclado en el pasado, dónde la ley del más fuerte y la violencia decidían la suerte y el destino de uno.


John Ford retoma el personaje en el 62, está vez representado en Tom Doniphon en la magistral “El hombre que mató a Liberty Valance” y el mismo Peckinpah, también en 1962, nos regala esa joya que es “Duelo en la Alta Sierra” en la que unos maduros Randolph Scott y Joel McCrea bordan unos personajes en el ocaso de sus vidas de rudos hombres de armas y violencia. También Sergio Leone, en 1968, le da un tono crepuscular a su colosal “Hasta que llegó su hora”, no hay más que recordar la conversación entre Harmónica (Bronson) y Frank (Fonda) al final de la cinta: “Hombres, una vieja raza...llegarán otros Morton y la harán desaparecer”.

Bien, una vez introducidos los antecedentes (seguramente hay más, pero creo que no hace falta profundizar más en el tema), llegamos a 1969 y a “Grupo Salvaje”, Pike Bishop y su banda llegan a una ciudad, haciéndose pasar por soldados, para asaltar el banco; lo que no saben es que los hombres contratados por el ferrocarril y capitaneados por Thornton (antiguo miembro de la banda y amigo de Pike) les esperan emboscados en los tejados. Un espectacular tiroteo, de una violencia inusitada, cruda y cruel, nos sirve de antesala para iniciar un viaje con Pike y los suyos hacia el ocaso.


Pero empecemos por desgranar los personajes de esta gran historia de amistades, lealtades y honor. Por un lado tenemos a la banda de Pike Bishop, hombre duro y curtido tras una vida de atracos y robos, que no duda un segundo en pegarle un tiro a uno de sus hombres herido con tal de no aminorar la marcha y seguir huyendo hacia México. Dutch, mano derecha de Pike y fiel escudero, siempre dispuesto a enfrentarse con cualquiera que se oponga a su amigo. Lyle y Tector Gorch, hermanos inseparables y algo cortos de entendederas, que necesitan de un jefe como Bishop que piense por ellos. Ángel, miembro de origen mexicano y el viejo Sykes, encargado de esperarles en la frontera con caballos de refresco. Peckinpah juega muy bien con los roles de los componentes de la banda. Vemos que el grupo está dividido en cuánto tocan el tema del reparto. De un lado Pike y Dutch y, de otro, Lyle y Tector, quedando Ángel y Sykes un poco a la expectativa, pero todos acaban riendo a carcajadas juntos, demostrando que son un grupo compacto, unido. A lo largo del film asistimos a varias de estas escenas que acaban en camaradería. Memorable la que todos se pasan la botella de whisky entre ellos saltándose el turno de Lyle y hasta su hermano Tector le gasta la broma.


Por otro lado está Thornton, que ha hecho un trato con el ferrocarril: atrapar a Pike para no volver a la cárcel de Yuma. Unos flashbacks nos descubren que Pike y él eran amigos y los maltratos que sufrió en prisión, por lo que prefiere cazar a su amigo que volver allí. Sus hombres son unos cazarecompensas andrajosos y sin moral que disfrutan disparando contra lo que sea, destacando entre ellos Coffer y T.C., máximos exponentes de lo peor de la naturaleza humana (aquí me gustaría comentar la similitud que veo con los personajes del Spaghetti Western: sucios, despiadados, amorales)

Peckinpah elabora y define perfectamente las diferencias entre perseguidos y perseguidores; los primeros con un código de honor y los segundos sin más código que la codicia por las recompensas, a excepción de Thornton, que se debate entre la traición que está cometiendo y el miedo a volver a prisión.


Una vez adentrados en México, y siempre perseguidos por Thornton y los suyos, la banda se topa con el corrupto general Mapache y sus tropas federales. Aunque Ángel, en un arrebato de locura y celos, mata a su novia que es la prostituta de Mapache, consiguen el encargo de robar un tren de armas en la frontera a cambio de 10.000$. Una vez cumplida la misión, Mapache retiene a Ángel y Pike intenta comprarlo a cambio de su parte del botín. Mapache se niega y, ante la gran cantidad de soldados, nada pueden hacer, así que deciden beber y buscar consuelo y descanso con las prostitutas del cuartel. Pero ninguno olvida lo sucedido y cuando Pike entra en la habitación de Lyle y Tector, le basta una palabra para que le sigan: “Vámonos”...cuando Dutch les ve salir a los tres, su sonrisa de satisfacción nos indica lo que va a suceder a continuación: una de las escenas más violentas y sangrientas del western! Mapache accede a entregarles al maltrecho Ángel, pero en el momento de soltarlo lo degüella sin compasión delante de sus cuatro compañeros y la reacción de estos ya forma parte de la historia del Western y del Cine.


Peckinpah borda su labor de dirección en la que, para mi gusto, es su mejor película, pero no hay que olvidar que sin la magnífica fotografía de Lucien Ballard y la gran labor del diseño de producción el resultado no habría sido tan espectacular.


Siendo un western crepuscular, la acción está mucho más presente de lo habitual en este tipo de producciones, que suelen ser más pausadas para realzar ese “ocaso del pistolero”. Aquí Peckinpah marca la diferencia con el resto, combinando perfectamente la acción y el lirismo del film y no cayendo en ningún momento en periodos de calma excesivamente largos.


Cada personaje está perfectamente definido, tanto individualmente cómo parte integrante de un grupo.




Las dos grandes escenas de tiroteo son una obra maestra, aunque el tiroteo final siempre quedará en la historia del Cine y será la seña de identidad del film. Las ralentizaciones de cámara, la sangre tras los impactos de bala, la coreografía de los actores y extras, la violencia sin concesiones, todo está perfectamente engranado para conseguir un resultado visualmente espectacular.



El guión, impecablemente desarrollado, sin altibajos, sin derivas ni desconexiones que nos hagan relajarnos del visionado. El ambiente crepuscular del film durante todo el metraje es más que evidente. Unos hombres ya maduros que pretenden dar su último golpe y retirarse a una vida más tranquila (ojo a la escena en que a Pike se le rompe el estribo y sube al caballo a duras penas mientras Tector cuestiona su liderazgo), Una época que ya no es la suya, pero los valores que les impulsan en la vida siguen totalmente vivos en ellos: Esa Amistad, Lealtad y Honor de las que hablaba al principio están presentes durante toda la película; prefieren mantenerse fieles a sus principios aunque sepan que eso les llevará a la muerte, una muerte que siempre supieron que llegaría, pero que sólo aceptan por la lealtad debida al compañero caído y el orgullo herido. La Amistad sin casi palabras, sólo bastan unos gestos para entenderse, una mirada. “Vámonos”, dice Pike, “¿Por qué no? contesta Lyle después de una breve mirada a Tector... y al salir, Dutch lo entiende perfectamente y su sonrisa nos muestra el alivio del que sabe que no podría vivir traicionando sus principios, su honor. La muerte de los protagonistas, defendiéndose unos a otros hasta el final; “Vamos Dutch, maldita sea!!”, “Pike, Pike...Pike, Pike”. El respeto de Thornton al llegar al lugar de la matanza y recoger el revólver de Pike, su código de honor enviando a sus hombres hacia la muerte. Todo el film nos narra el final de una época, el final del viejo oeste, el final de los pistoleros y, sobretodo, el final de la concepción de unos valores fuertemente arraigados en unos hombres que pertenecieron a otros tiempos, hombres duros y despiadados pero leales a sus principios hasta sus últimas consecuencias, hasta la muerte...


“¿Y nosotros, Pike? ¿Crees que hemos aprendido algo al equivocarnos hoy?”
“Espero que haya sido así”
Evidentemente, no lo fue!



Las interpretaciones son otro de los logros del film, Holden, Borgnine y Ryan magistrales, pero los secundarios no desentonan: Oates y Johnson están sublimes, O`Brien inmenso y Strother Martín bordando el papel de loco desequilibrado. Las localizaciones perfectas, con algunos parajes realmente bellos y apoyados por la espectacular fotografia de Ballard. La música de Fielding, sin llegar a ser una maravilla, acompaña perfectamente durante todo el metraje. Mención especial a los títulos de crédito, con esas paradas de la acción tornándose en fotos fijas en blanco y negro solarizado.



Por último, comentar un detalle que se repite durante todo el film: los niños.



Presentes desde la primera escena, echando un escorpión a las hormigas para después prenderles fuego, abrazados en medio del tiroteo, en Agua Verde, el niño que le lleva el telegrama a Mapache en medio de la batalla, el bebé de la prostituta, etc,,, Niños en casi todas las escenas.



No logro descifrar el mensaje, pero algo nos quiere decir Peckinpah.
“Todos soñamos con volver a ser niños, incluso los peores de nosotros... tal vez más que nadie”, le dice el viejo en Agua Verde a Pike. ¡Os toca buscarle el significado!


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Por: Xavi J. Prunera. Nota: 9

Llevo más de quince años a la caza y captura de un western que pueda situarse al nivel de “Hasta que llegó su hora”, la mejor película del oeste de la historia del cine. Incomprensiblemente, hasta ayer noche no había tenido ocasión de visionar “Grupo salvaje”. Increíble, pero cierto. La tenía ahí, acurrucadita en un rincón, como hacemos con un buen vino o un buen whisky. Esperando la ocasión. Esperando ese momento especial para degustarla con placidez y fruición. Anoche descorché y desvirgué “Grupo salvaje”. Bueno, tal vez lo más correcto sería decir que “Grupo salvaje” me metió un par de ostias y me quitó la caraja de encima. Yo que creía que con los spaghettis de Leone ya había visto todo lo que quedaba por ver!!! Craso error. Peckinpah es mucho Peckinpah. Ahí queda eso.

Por fin me di cuenta a qué se refería la gente con esa manoseada expresión de “crepuscular”. Crepuscular es “Grupo salvaje”. Crepuscular es corroborar que a pesar de esa violencia gratuita que impregna la peli, que a pesar de esa amoralidad y anarquía que la caracteriza y que a pesar de ese profundo desencanto aliviado a base de putas, risotadas y lingotazos se esconde, subrepticiamente, un férreo código de honor. Un código fraguado a base de sangre, balazos y polvo. El polvo de México. Territorio de inadaptados. Territorio de hormigas y escorpiones.

(Reseña publicada por Xavi J. Prunera en FilmAffinity el 2-9-07)

TRAILER