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sábado, 14 de enero de 2017

MUERDE LA BALA

(Bite the bullet - 1975)

Director: Richard Brooks
Guión: Richard Brooks

Intérpretes:
- Gene Hackman: Sam Clayton
- James Coburn: Luke Matthews
- Candice Bergen: Miss Jones
- Ben Johnson: Míster
- Ian Bannen: Sir Harry Norfolk
- Jan-Michael Vincent: Carbo

Música: Alex North

Productora: Columbia Pictures Corporation
País: Estados Unidos

Por: Güido MalteseNota: 7

Míster: "Mi vista no es tan buena cómo la suya.... y si te mato, me descalificarían por abusar de un estúpido"


Tras regalarnos dos grandes westerns, “La última caza” y “Los profesionales”, Richard Brooks vuelve al género, esta vez encargándose del guión además de la dirección. Y lo hace con un western de los llamados crepusculares que, en este caso, se desarrolla a principios del siglo XX y ahonda en el fin de una forma de vida libre y salvaje.


Un periódico organiza una carrera de caballos de 700 millas de distancia con gran repercusión mediática. Con un suculento premio en metálico, el evento atrae a diferentes participantes y por diferentes motivos. Unos simplemente por dinero, otros por la fama, otros por la emoción y la aventura y alguna por motivos misteriosos.

Brooks juega muy bien la baza de mostrar en todo su esplendor los espacios abiertos, los grandes paisajes; en definitiva, el Salvaje Oeste. Pero, para mí, lo que consigue magistralmente a lo largo del film, es mostrarnos el amargo final de ese Oeste, de los vaqueros, de los códigos entre hombres. La película está repleta de diálogos y frases que describen perfectamente el final de una forma de entender y vivir la vida.

Los que me conocéis, ya sabéis de mi predilección por los temas que tratan la amistad, el honor, la lealtad, la caballerosidad o el orgullo. Y esta película tiene todo eso y consigue que le dé una puntuación más alta de la que seguramente le corresponda. No estamos ante un gran western (no esperéis que esté a la altura de los dos westerns anteriores de Brooks), pero sí que estamos ante un western para verdaderos amantes del género que sabrán entender lo que Brooks pretende, que no es otra cosa que dignificar al vaquero, al caballo, a una “cultura” que agoniza arrollada por el progreso y la civilización. Su trabajo cómo guionista me parece sensacional.

Ya desde el inicio sabremos mucho de Sam Clayton, de su amor por los caballos. Cuando le regala un potrillo a un niño y éste le pregunta: “¿No tendré que pagar nada?, a lo que Clayton contesta: “Sí, nunca le maltrates”. Sin demora conoceremos a Luke Matthews, su viejo amigo, y veremos que esa amistad es inquebrantable y verdadera. Clayton se mete en una pelea y Matthews no duda en ponerse a su lado, prestándole después dinero (“Un baño son 5$, emborracharse 15$ y pasar la noche con una mujer 30$”). Míster, un viejo vaquero que también se ha apuntado a la carrera, impide que Carbo dispare contra ellos con la frase que he puesto en la cabecera de la reseña.

Aunque ya sabíamos que Míster no tiene nada por una secuencia anterior en la que intenta vender su condecoración de la Guerra Civil (“Hoy en día la medallas de los perdedores no valen nada...y no se ofenda, amigo”).

Carbo, un joven ávido de fama, fanfarrón y de gatillo fácil. Sir Harry Norfolk, un ingles recto y educado deseoso de competir y vivir emociones. El mejicano, metido en la carrera para sacar a su familia adelante si consigue el premio. Parker, el rico terrateniente que compite con un pura sangre y mucho dinero de por medio. Y, finalmente, Miss Jones, una ex prostituta. Esos son los verdaderos protagonistas de la carrera y de la película. En palabras de Clayton: “Al caballo le da igual quién gane la carrera”.

A mi parecer, a la película le sobra algo de metraje y quizás se alargan demasiado algunas escenas de cabalgadas y el uso de la cámara lenta en algunas tomas. Tiene una parte muy “spaghettera” cuando les roban los caballos y recurren a la moto con sidecar del periodista para recuperarlos, algunos toques de “ñoñería” y un final algo simplón. Pero insisto en que todo ello queda disimulado por unos diálogos muy, muy buenos.

La escena de Míster poco antes de morir, sincerándose con Clayton es magistral por la conversación que mantienen, dónde toda esa “crepuscularidad” del film es patente.

El intercambio de frases entre Matthews y el leñador es hilarante y no desentona en absoluto. O Sir Norfolk al continuar la carrera dejando a Hackman al cuidado del mejicano, pero vuelve atrás y pregunta: “¿Le parece antideportivo?”. Todo el metraje está repleto de esos diálogos, algunos tristes (“no sé ni como se llamaba”), otros más divertidos (“Oye, ¿Por qué no me cuentas la historia de tu vida?...sáltatelo todo excepto los últimos minutos!”), pero todos acertados y en el momento justo.





También encontraremos muchas dosis de defensa de los animales y de crítica al racismo tan usual en Estados Unidos.



Los actores no desmerecen en absoluto, otra gran baza del film. Hackman es Hackman, poco se puede decir de uno de los mejores actores que ha tenido el Cine. Coburn en su línea, llenando la pantalla con su carisma y su porte (atención a su bailoteo de sevillanas). Bergen en todo su esplendor, bellísima y cumpliendo de sobra. Bannen y Vincent más que correctos cómo el educado y competitivo inglés y el fanfarrón y bocazas que acabará aprendiendo a base de palos.



Y mención honorífica para Ben Johnson, inmenso en su papel de viejo cowboy acabado que se niega a admitir que está llegando al final, sufriendo más que ninguno la dureza de la carrera (“suélteme, no quiero que los demás se enteren”) y aportando el toque más crepuscular del película. ¡Chapeau, Míster Johnson!




En definitiva, un western para seguidores del género, no aporta nada nuevo pero encandilará a los amantes de los códigos de conducta del Far West.

- Hay que quitársela
- ¿Quién lo hará?
- Nosotros
- ¡Está loco!
- Confía en nosotros
- ¿Eso prueba que está loco!
- ¡Muerde la bala, amigo!

lunes, 18 de enero de 2016

LOS PROFESIONALES

(The Professionals) - 1966
Director: Richard Brooks
Guion: Richard Brooks

Intérpretes:
-Lee Marvin: Henry “Rico” Fardan
-Burt Lancaster: Dolworth
-Claudia Cardinale: María
-Robert Ryan: Ehrengard
-Jack Palance: Jesús Raza
-Ralph Bellamy: Grant
-Woody Strode: Jake

Música: Maurice Jarre
Productora: Columbia Pictures-Pax Enterprises
País: Estados Unidos

Por: Güido Maltese. Nota: 8

Grant: ¡Fardan, es usted un bastardo!!!
Fardan: Si, señor. ¡Pero lo mío es un accidente de nacimiento y usted se ha hecho a sí mismo!

He aquí, en mi opinión, un buen western:
El terrateniente Grant forma un grupo de hombres para rescatar a su mujer que ha sido secuestrada por el bandido revolucionario Jesús Raza . El grupo está capitaneado por Henry "Rico" Fardan, acompañado por Dolworth, experto en explosivos, Erenghard experto en caballos y Jake Sharp experto rastreador y hábil con el arco.



El grupo se interna en México, ya conocido por Fardan y Dolworth que participaron en la revolución con Pancho Villa, y libera a la mujer para conocer la verdad que se esconde tras el secuestro.



Me encanta ésta película sobre todo por las interpretaciones y la acción continua que mantiene a lo largo de todo el metraje.



Marvin está inmenso en el papel del veterano soldado férreo y con un gran sentido del honor y, a la vez, amargado por la trágica muerte de su esposa. Lancaster, cómo el amigo fiel de Fardan, pero más despreocupado y sin escrúpulos y atraído por las mujeres y el dinero, en un papel muy a su medida (Recordemos “Veracruz”). Robert Ryan y Woody Strode muy correctos (quizás Ryan está un poco descolgado en la película, no sé si por su actuación o por el papel que interpreta). Claudia Cardinale, bella y salvaje, está perfecta en su papel de la mejicana de buena familia, casada con el terrateniente rico de la fronteriza Texas.


Palance, cómo siempre, bordando su papel. E incluso Ralph Bellamy, destaca cómo el terrateniente sin escrúpulos para conseguir lo que desea.


Hay otro papel secundario que me atrae mucho y es el de la teniente "Chiquita" (Marie Gómez), uno de los mejores guerrilleros de México en palabras de Dolworth ("No sabe bailar, pero qué gran soldado").



La película está rodada en su mayor parte en el desierto de Nevada y la fotografía es más que correcta. No hay grandes paisajes, pero se aprovecha al máximo el caluroso desierto, con sus cañones y desfiladeros, para que sea muy creíble la sierra mexicana. 

Y la acción no decae un sólo instante, manteniendo la atención del espectador de principio a fin.



En fin, un western de acción, en la línea de “Los doce del Patíbulo”, más que decente y con buenas interpretaciones a cargo de asiduos del género.

Memorable la conversación en Marvin y Lancaster: 
-Dolworth- ¿Que tiene una mujer que haga que valga 100.000$? 
-Fardan- Debe ser de esas mujeres que hacen que algunos niños se conviertan en hombres y algunos hombres en niños.



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Por: Jesús Cendón. Nota: 9


Richard Brooks, un profesional encuadrado dentro de la ideología liberal, tan sólo había rodado un western (la estupenda “La última cacería”, en la que a través de un sombrío Robert Taylor abordaba el tema del racismo) cuando decidió acometer este proyecto; un western a la vez clásico y moderno, vitalista pero crepuscular al presentarnos a unos personajes con más pasado que futuro, son individuos del siglo XIX con difícil encaje en el pragmático siglo XX por lo que terminarán buscando su refugio en México, último territorio fronterizo y país en construcción al estar envuelto en un proceso revolucionario.

El filme relata la historia de cuatro mercenarios que son contratados por un magnate para recuperar a su mujer secuestrada por un bandido mexicano que pide por su liberación 100.000 dólares. Este viaje supondrá para dos de ellos enfrentarse a su pasado y cuestionarse su evolución vital marcada por el desengaño (antiguos revolucionarios y, como tales, idealistas han devenido en dos individuos cínicos al servicio de aquel que pueda costearse sus servicios). Este hecho le permite a Brooks llevar a cabo una de las más lúcidas reflexiones cinematográficas sobre la revolución y el desencanto a través de unos extraordinarios diálogos (escritos por el propio Brooks que estuvo nominado al Oscar en su doble faceta de director y guionista) presentes en las escenas más intimistas de la película que aparecen perfectamente entrelazadas con las secuencias de acción. Así, Brooks utiliza la revolución mexicana como arquetipo del proceso revolucionario (debemos tener en cuenta la fecha de producción del filme durante una década convulsa como fue la de los sesenta), para darnos una visión desoladora de este ya que sus protagonistas, la gente llana que se jugó la vida y en muchos casos la perdió, es traicionada cuando entran en acción los políticos, por lo que su mísera existencia apenas es mejorada.

Su posicionamiento sobre esta cuestión queda perfectamente resumido por Dolworth al señalar que: “Tal vez sólo haya una revolución. La de siempre. La de los buenos contra los malos. La pregunta es ¿Quiénes son los buenos?”, para al final de la película aseverar que: “Los políticos entran en acción y el resultado es siempre igual, una causa perdida”.

Igualmente se aprecia una crítica al racismo todavía imperante en la sociedad norteamericana en el siglo XX (el magnate les pregunta al resto de profesionales si tienen algún inconveniente en trabajar con un negro) y, sobre todo, a la injerencia, político-económica, de los EEUU en Sudamérica y al desarrollo de su política colonialista e imperialista en este subcontinente iniciada a partir del denominado Corolario Roosevelt de 1904 que, en la época en la que se desarrolla el filme, dio lugar a la famosa expedición punitiva del general Pershing en México con la intención de acabar con Pancho Villa (1914). En este sentido cobra gran importancia la conversación de María en la que afirma que: “Mi marido ha robado millones a esta tierra”, refiriéndose lógicamente a México.

Al mismo tiempo, el filme se configura como un canto a la solidaridad, amistad, dignidad y honor a través de estos cuatro profesionales, para los que se contó con un reparto excepcional. Lee Marvin, convertido por fin en una gran estrella, da vida a Fardan, un experto en armamento. A Burt Lancaster Brooks le regaló un papel hecho a su medida (el actor había obtenido su único Oscar con otra película de Brooks, “El fuego y la palabra”) que le permitió mostrar su espléndida condición física con cincuenta y tres años al interpretar al dinamitero Dolworth. Ambos demostrarán al final de la película que, a pesar de su aparente cinismo, siguen siendo los mismos soñadores idealistas que lucharon durante seis años sin cobrar al lado de Pancho Villa, ya que antepondrán sus principios y su concepto de la justicia a la obtención del beneficio económico. Un avejentado Robert Ryan es Ehrengard, antiguo oficial de caballería y apasionado por los equinos; quizás sea el personaje más desdibujado. Y Woody Strode, actor habitual de John Ford, aporta su físico rotundo a Jake, hábil rastreador y mortal con el arco.

El reparto se completa con Ralph Bellamy como el tiránico y despótico magnate, incapaz de soportar un fracaso. Una bellísima Claudia Cardinale en el rol de María, la esposa del anterior pero que mantienen su conciencia de clase. Y Jack Palance como Jesús Raza, el revolucionario que “rapta” a María (curioso que se llame Jesús y que mantenga una especial relación con María, aunque no sé si hay algún tipo de intención en ello) para el que Brooks reserva algunas de las mejores frases de la película. Así en su memorable enfrentamiento final con Dolworth afirmará en relación con su actitud al frente del proceso revolucionario que: “Nos quedamos porque tenemos fe. Nos marchamos porque nos desengañamos. Volvemos porque estamos perdidos. Morimos porque es inevitable”.


Filme, por tanto, de acción pero también reflexivo se completa con una gran banda sonora compuesta por Maurice Jarre que capta perfectamente el aliento épico de la película y una extraordinaria labor de Conrad Hall como director de fotografía, a través de la cual sentimos el agobiante calor del desierto, el frío nocturno o el insoportable viento que levanta el asfixiante polvo del camino.

Sólo me queda invitaros a que compartáis el viaje con cuatro personajes inolvidables y que descubráis junto a “Los profesionales” qué hace que una mujer valga 100.000 dólares.

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Por: Xavi J. Prunera Nota: 9


Ignoro hasta qué punto resulta higiénico y saludable enfrentarse a una peli como “Los profesionales” la noche más calurosa del año, pero os aseguro que hacerlo con el torso empapado en sudor y el gaznate más seco que el desierto de Mohave ayuda -y mucho- a empatizar instantáneamente con esos cuatro mercenarios románticos (Lancaster, Marvin, Ryan y Strode) que protagonizan este enorme western.

Entrado ya en situación, sin embargo, decidí prepararme un refrescante mojito para paliar los efectos de esa despiadada canícula que hacía estragos a ambos lados de la pantalla. Un par de sorbos después me sentí mejor, pero las infernales temperaturas reinantes en la frontera mejicana se habían cobrado ya su primera víctima. Afortunadamente todo quedó en una inocua insolación y ese cuarteto de tipos duros, bregados en mil y una batallas, pudo proseguir con la misión encomendada: liberar a la bella esposa (Cardinale) de un rico terrateniente (Bellamy) de las garras de un temible revolucionario (Palance).

Apurado mi primer buchito, decidí prepararme el segundo. En la terraza el aire caliente podía mascarse y un pegajoso bochorno pugnaba por dilatar todos y cada uno de los poros de mi cuerpo. Eran las 23:25 h. y el termómetro registraba 31º. Mientras tanto, la imagen de Lancaster colgado por los pies coincidía con la de una primera gota de sudor resbalando perezosa e implacablemente a lo largo de mi espina dorsal. Succioné con fruición lo que quedaba de mojito, le di al pause y fui a picar más hielo.

Preparado mi tercer trago, recapitulé sobre lo que estaba viendo. Por el momento la peli de Brooks evidenciaba ser un western muy bien armado que -a simple vista- discurría por los típicos derroteros del género ;) y que, merced a su estratosférico elenco, podía degustarse con el mismo deleite con el que un servidor estaba dando buena cuenta de su tercer añejo. Lo mejor, sin embargo, aún estaba por llegar. El rescate de María (bocatta di cardinale) y la consiguiente persecución de nuestros cuatro protas por parte de Raza (Palance) y los suyos elevaba el listón de la peli hasta niveles pura y genuinamente peckinpahianos. Le dí nuevamente al pause y trituré algo más de hielo. Sin lugar a dudas, necesitaba un nuevo lingotazo (¿el cuarto?) para combatir la pertinaz y abrasadora atmósfera que reinaba tanto en mi terraza como en la quebrada donde Palance y Lancaster sostenían, a punta de pistola, uno de los diálogos más crepusculares de la historia del género. Me froté los ojos y miré de reojo la botella de ron. Estaba prácticamente vacía, de acuerdo, pero esos diálogos no podían ser fruto de mi imaginación.

Diez o quince minutos después, cuando el pertinente THE END sobreimpresionaba los últimos fotogramas de aquella maravilla, comprendí dos cosas: que mi estado de embriaguez era algo más que sospechoso y que acababa de ver un western a-co-jo-nan-te.

(Reseña publicada por Xavi J. Prunera en FilmAffinity el 24-7-09)

TRAILER