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jueves, 7 de abril de 2016

BONE TOMAHAWK

Poster de la película Bone Tomahawk
(Bone Tomahawk) - 2015

Director: S. Craig Zahler
Guion: S. Craig Zahler

Intérpretes:
Kurt Russell: Sheriff Hunt
Patrick Wilson: Arthur
Matthew Fox: Laura Lee
Richard Jenkins: Chicory
- Matthew Fox: Brooder
Lili Simmons: Samantha

Música: Jeff Herriott, S. Craig Zahler

Productora: Caliber Media Company/The Fyzz Facility/Realmbuilder Productions
País: Estados Unidos

Por: Jesús CendónNota: 7,5

Sheriff Hunt (despidiéndose de su fiel ayudante Chicory): "Despídeme de mi mujer, yo saludaré a la tuya"

SINOPSIS: El pueblo de Bright Hope ve interrumpida su tranquilidad con el secuestro por parte de una tribu de indios de tres ciudadanos. Cuatro hombres: el sheriff del pueblo, su veterano ayudante, el marido de una de las secuestradas y un atildado pistolero se lanzarán al rescate y en su búsqueda se toparán con el horror.

Fotograma de Bone Tomahawk preparando la salida al rescate

Debo confesar que me acerqué a esta película con bastante aprensión. Producción de una pequeña compañía independiente (Caliber Media Company) de escaso presupuesto, apenas tres millones de dólares, y mezcla de géneros tan antagónicos como el western y el terror; la operación me recordaba a otros intentos fallidos y, por qué no decirlos, cutres como la olvidable “Cinco tumbas sangrientas” perpetrada por Al Adamson en 1970.

Fotograma de Bone Tomahawk troglodita muerto

Pero nada de eso. Me he encontrado con una propuesta inteligente e innovadora que, a partir de un estupendo guion, supone un intento muy serio por revitalizar el género cinematográfico por excelencia. Un brillante debut de S. Craig Zahler, hombre de espíritu renacentista ya que es autor de varias novelas westerns, thrillers y de ciencia ficción, cuenta con más de veinte guiones aunque sólo uno llevado a la pantalla grande, ha trabajado como director de teatro y director de fotografía y tiene dos grupos musicales.

Fotograma de Bone Tomahawk cabalgando por las praderas

Es verdad que la película parte de una premisa inverosímil. La existencia de una tribu, de unos doce o trece individuos, de indios caníbales; en realidad trogloditas más cercanos a la Edad de Piedra que a la segunda mitad del siglo XIX que, además, habitan una zona perfectamente delimitada (El Valle de los Hombres Hambrientos) y todo ello sin que el ejército haya tomado cartas en el asunto. Pero también es verdad que está tan perfectamente integrada en la historia que no afecta a la coherencia interna del filme y el espectador, por lo menos en mi caso, termina por aceptar el hecho.

Fotograma de Bone Tomahawk con trogloditas

Porque nos encontramos con un trabajo perfectamente construido, en el que Zahler muestra su conocimiento de los grandes directores clásicos, desde John Ford en el principal arco argumental que remite a dos de sus obras más emblemáticas como son “Centauros del desierto” (1956) y “Dos cabalgan juntos” (1961); hasta Howard Hawks al reivindicar valores como la profesionalidad y el deber y, sobre todo, en la relación de Hunt con su viejo ayudante que recuerda claramente a la protagonizada por el sheriff John T. Chance y Stumpy en “Río Bravo” (1959).

Fotograma de Bone Tomahawk Kurt Rusell y Richard Jenkins

Además la película recupera el gusto por las cabalgadas en grandes espacios abiertos, por las conversaciones nocturnas alrededor de las fogatas, por un ritmo pausado a través de escenas en ningún caso superfluas con las que la historia avanza y que, igualmente, nos permiten conocer mejor a los personajes. Porque si el filme cuenta con otra gran virtud es la de perfilar detalladamente a estos. Así nos encontramos con el sheriff Hunt (un revitalizado Kurt Russell, mostrando que con el tiempo es cada vez mejor actor), un hombre práctico, líder natural incapaz de perder la serenidad y consciente de sus obligaciones como sheriff; el típico profesional del cine de Hawks. Junto a él Arthur (un reivindicable Patrick Wilson) el marido de la secuestrada, hombre de fe se revelará como un individuo con una gran fuerza de voluntad capaz de superar mediante su inteligencia y coraje todos los obstáculos; Richard (magníficamente interpretado por el televisivo Mathew Fox) un elegante y frío pistolero traumatizado por el asesinato de su familia por los pieles rojas; y, sobre todo, un inolvidable Chicory, en una gran composición de Richard Jenkins, capaz de perderse en las reflexiones y digresiones más peregrinas con las que aporta un sutil toque de humor a la cinta.


A estos cuatro protagonistas el director-guionista los involucrará en un viaje que les conducirá al terror más absoluto, un verdadero descenso a los infiernos en el que, de nuevo, se aprecian las influencias de los clásicos; en este ocasión Coppola y su “Apocalipsis now”, así como la novela en la que se basaba (“El corazón de las tinieblas” de Joseph Conrad). Porque lo que encontrarán al final del camino es la barbarie y crueldad más absolutas, un mundo primitivo y olvidado en el que impera la ley del más fuerte y se rige, sin ningún tipo de consideración moral o ética, por un único principio: la supervivencia. Los personajes vivirán entonces una pesadilla, pero una pesadilla real en la que descubrirán el horror y que este tiene rostro, como afirmaba el coronel Kurtz en la citada “Apocalipsis now”.

Fotograma de Bone Tomahawk con Matthew Fox

Así, junto a los cuatro rescatadores, el espectador llega a los últimos veinte minutos brutales en los que para mí Craig Zahler se excede con una secuencia repugnantemente explicita e innecesaria (siempre es más elegante sugerir que mostrar, como el propio director había hecho anteriormente) en la que asistimos al martirio y posterior descuartizamiento de uno de los personajes. Escena que, desafortunadamente, entronca al filme con una serie de producciones italianas de infausto recuerdo realizadas a finales de los setenta y principios de los ochenta (“La montaña del dios caníbal” de Sergio Martino, “Holocausto caníbal” de Ruggero Deodato, o “Comidos vivos” y “Caníbal feroz” de Humberto Lenzi) Puro cine, por llamarlo de alguna forma, de explotación.

Fotograma de Bone Tomahawk descuatizando a una persona

Borrón que, no obstante, no empaña las enormes virtudes de la película, sin duda una de las propuestas más sugerentes de este género en los últimos veinte años, que junto con otros westerns como “Deuda de honor” (Tommy Lee Jones, 2014), alejados del manierismo y la autocomplacencia de directores más reconocidos como Tarantino e Iñarritu, revela que el género no está muerto y todavía quedan muchas historias que contar.

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Por: Xavi J. PruneraNota: 7

Sheriff Hunt: "El dolor es la forma en la que el cuerpo habla contigo. Haría bien en escucharle."

Siendo el western y el cine de terror mis géneros preferidos era lógico y normal que esperara esta peli con las máximas expectativas. Y más teniendo en cuenta que las críticas que me iban llegando eran francamente buenas. Aún así, tenía miedo. Y lo tenía porque siempre he sido muy consciente que western y terror son dos géneros que no casan fácilmente. Quizás por eso puse todas mis esperanzas en que “Bone Tomahawk” se acercara —como mínimo— a “Ravenous”, un film de características muy similares. Lo que no me esperaba, sin embargo, es que “Bone Tomahawk” superara a “Ravenous”. Porque sí, lo consigue. Y precisamente por ello “Bone Tomahawk” se ha ganado, con todo merecimiento, ese 7 que le he adjudicado. Me explico.

Fotograma de Bone Tomahawk con Kurt Russell y Richard Jenkins

Una de las claves a la hora de mezclar dos géneros tan antagónicos como el western y el cine de terror son, a mi juicio, las proporciones. Y si lo que queremos es que el producto resultante atesore cierto rigor y coherencia tenemos que tener muy claro que la peli debe ser un western con pinceladas de terror y no al contrario.

Fotograma de Bone Tomahawk con Lili Simmons

Y eso es lo que, afortunadamente, evidencia “Bone Tomahawk”. Una peli cuyo 75 % es western puro y duro y que tan solo deriva hacia el terror con aditamento gore cuando el propio entramado argumental lo justifica. Nunca antes.

Fotograma de Bone Tomahawk con Kurt Rusell

Así pues, un merecidísimo notable para una peli cuyas tres cuartas partes iniciales constituyen un espléndido recorrido por el western clásico (con detalles que nos remiten a “Cielo amarillo”, “Centauros del desierto” o “Río Bravo”) y que sólo se aparta de los cánones habituales del género cuando accedemos al clímax final.


Tomáoslo con calma, pues, y paladead sin prisas esa larga y penosa travesía por el desierto. Ah, y no seáis excesivamente tiquismiquis desde un punto de vista antropológico, por favor. Sólo así iréis conociendo poco a poco a los cuatro protagonistas y sólo así estaréis preparados para asistir a una cuarta parte final de infarto. Estáis avisados.

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Por: Güido MalteseNota: 7

El alcalde: “¿Alguien sabe cómo se escribe “Trogloditas?”....es por el telegrama”

Pausada, pero con ritmo
Lenta, pero entretenida
Clásica, pero moderna
Western, pero diferente

Me dispongo, aunque con reticencias, a visionar “Bone Tomahawk”, film del que previamente he visto algún tráiler y no me ha convencido en absoluto, pero hay que reseñar, así que vamos a ello.

Fotograma de Bone Tomahawk con Kurt Rusell

Tres personas son secuestradas en Bright Hope y el Sheriff Hunt, el segundo ayudante Chicory, el pistolero Brooder y el marido de una de las secuestradas, Arthur, se ponen en camino para liberarlos. Con esta premisa, Craig S. Zahler nos introduce en un western con muchas características de “road movie”, grandes toques del western clásico y crepuscular y un buen guión que nos atrapa desde el inicio. Y todo esto lo consigue con un presupuesto limitadísimo, cosa a reivindicar hoy en día, sobre todo en este género tan difícil para atraer espectadores y buenas críticas.

Fotograma de Bono Tomahawk con Kurt Rusell

La mayor parte del film, está dedicada al viaje de los cuatro personajes camino del “Valle de los Hambrientos” para salvar a sus conciudadanos. Destacan las largas marchas, a caballo inicialmente y a pie finalmente, pero, sobretodo, destacan las acampadas nocturnas y las conversaciones alrededor de la hoguera. Zahler consigue que mantengamos la atención a la pantalla en todo momento, incluso cuando realmente no ocurre absolutamente nada, pero es capaz de mantenernos alerta, esperando saber que va a ocurrir a continuación. Como comento en mi introducción a la reseña, esa lentitud en que ocurran las cosas y ese pausamiento y calma que respira el metraje, no consiguen aburrirme o distraerme en ningún momento. ¿Y eso como es posible?, se preguntará alguno....pues con un sólido guión y unas interpretaciones perfectas, a la par de una buena fotografía y un cierto suspense.

Fotograma de Bone Tomahawk

Algunos diálogos entre los protagonistas son realmente buenos, destacando por encima de todos el segundo ayudante Chicory (magistral Richard Jenkins), un viejo viudo y que desvaría de vez en cuando, pero que el fondo ofrece al grupo todo lo que ha atesorado durante su larga vida, tanto en conocimientos como en humanismo y compañerismo.


Gracias a él, por encima del resto, las charlas nocturnas con sus divagaciones y pensamientos, se convierten en una delicia para el espectador, que espera con ganas el siguiente comentario del adorable anciano. Jenkins siempre fue un sólido secundario, pero aquí realmente lo borda. Sus gestos, sus muecas, hasta sus andares son de una calidad interpretativa encomiable.


Otro punto fuerte es Kurt Russell, el sheriff hierático, resolutivo y fiel a sus códigos y su moral. El bueno de Kurt mejora lentamente, como el buen vino...cuánto más madura, mejor actúa. La pareja Russell/Jenkins nos recuerda mucho a Wayne/Brennan, a Stewart/Brennan y, porqué no, a Holden/Borgnine en “Grupo Salvaje”. La forma en Chicory vela por Hunt, se asemeja a mucho a Dutch siempre fiel a Pike.


Patrick Wilson, como el marido de la secuestrada, que es consciente de lo que la ama cuando lee en voz alta la carta que no quiso leer ante ella por vergüenza, un tipo piadoso y temeroso de Dios pero con una voluntad de hierro y un carácter tranquilo pero sacando de vez en cuando su genio y su rabia.


Y finalmente, Matthew Fox, cumpliendo correctamente con su papel de pistolero presumido y fanfarrón, enemigo acérrimo de los indios (¿He oído Ethan Edwards?), pero leal y buen compañero a su manera.


Todos ellos son los que me remiten a mi comentario inicial, se respira western clásico y crepuscular por doquier. Eso hace que la hora y media inicial de la película me parezca maravillosa y me hace sentir que, por fin, volvemos a tener un gran western en las pantallas, quizás no a la altura de “Sin Perdón” u “Open Range”, pero muy cerca...

Pero mi gozo en un pozo, ya que el último cuarto del film me decepciona enormemente.


¿Realmente eran necesarios los trogloditas caníbales? ¿No se podían meter unos apaches despiadados? ¿Hacía falta el gore? ¿Tan ridículos debían ser dichos trogloditas?


Lo único positivo que tienen es darle sentido al título del film, ya que sus hachas son huesos de la quijada de un caballo, pero nada más. Algunos dirán que es innovador mezclar el western con otros géneros...yo debo de ser demasiado clásico. Cierto que está todo muy bien hilvanado y se ajusta perfectamente en el desarrollo del guión, en ese aspecto nada que objetar. Es más, nuestros cuatro protagonistas siguen deleitándonos y manteniéndonos atentos a todo lo que pasa. Zahler mantiene con pulso férreo su labor de dirección y consigue no caer en el absurdo o destrozar la película con este giro de género, e incluso introduciendo el terror y el gore en la trama, no abandona el western en ningún momento. ¡Y eso es de admirar y mucho!


Pero ni por esas le perdono esos trogloditas caníbales en la Arizona de finales del XIX y menos en un western.....Si, antes de llegar al Valle de los Hambrientos, pensaba en darle un 8 de puntuación por todo lo comentado, esta última media hora me lleva a bajar la nota, admito que con pesar....pero yo soy un apasionado del cine del oeste, no me metáis aliens, vampiros, vikingos ni neandertales! Siempre hemos tenido indios malísimos de todo tipo, desde Cicatriz (Centauros del Desierto) pasando por Ulzana (La venganza de Ulzana) o Salvaje (La noche de los gigantes), que nos impresionaban tanto o más que unos trogloditas con el look del alienígena de “Depredador”.


Por último, comentar que me hace gracia que la música esté compuesta por dos personas... cuando la película carece casi por completo de ella!


En fin, a pesar de mis negativas últimas impresiones, un film que recomiendo encarecidamente a cualquier aficionado al género. Un gran western, que demuestra que aún hay vida en el Far West y que pese a engendros como “Diablo” o “Slow West”, siempre aparecerá un tal Zahler o un tal Tommy Lee Jones (Deuda de Honor) que sabrán darle oxígeno al género cinematográfico por excelencia. ¡Viva el Western!

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Por: Valen GarcíaNota: 7,5

Samantha O'Dwyer: "Por esto la vida en la frontera es tan difícil. No por lo indios ni por los elementos sino ¡por los idiotas!"

Hemos descubierto un nuevo western con cierto aroma clásico donde su director, el primerizo S. Craig Zahler nos deleita con una cinta que unida a los films de Tarantino, Iñarritu y Tommy Lee Jones parece revitalizar el género.



Supongo que mis compañeros habrán contado y analizado ya todo lo mejor y peor de la peli. Pero bueno, voy a contar lo que me ha atraído de ella y lo que no.

Zahler nos presenta cuatro interesantes personajes perfilándolos a lo largo de la historia con un guion de los que hace mucho tiempo no disfrutaba y es que el libreto es uno de los avales de la historia:
- Kurt Rusell “Franklin Hunt” un veterano sheriff dedicado al cumplimiento de su deber.
- Richard Jenkins “Chicory” el ayudante y fiel protector/defensor del sheriff. Quizá el papel de Jenkins sea el más agradecido por esa bondad y ternura que despliega. Y es que desde el principio hasta el final borda su papel de viejo torpe ayudante del sheriff.
- Mattew Fox “John Brooder” interpretando a un presumido, elegante y hábil pistolero traumatizado por el asesinato de su familia a manos de los indios.
- Patrick Wilson “Arthur O'Dwyer” está perfecto mostrándonos el sufrimiento físico y mental de un marido que se une a la búsqueda desesperada de su mujer arrastrando su pierna gangrenada por el pedregoso desierto.


Pues bien, a Zahler se le nota oficio atreviéndose con su ópera prima durante más de dos horas, arriesgando su aventura con un ritmo lento pero sin aburrir y empleando los planos adecuados en todo momento.


La fotografía de interiores me han sorprendido destacando esos matices suaves, cálidos y ocres. La fotografía de exteriores sin embargo protagonizada por un sol de infarto.


Durante esta aventura hay grandes momentos de charlas entre diferentes personajes que entretienen, divierten y que nos permiten conocerlos: momentos frente al fuego, protegiendo la acampada, presos de los trogloditas... He de destacar un instante que sucede cuando Arthur (P. Wilson) decide bendecir la cena y se percibe la incomodidad del resto de comensales ante la oración. Es uno de los planos en los que se demuestra el buen hacer del director.


Particularmente hay un pequeño detalle que me ha tenido inquieto. Y es que existen momentos que se abusa del “alemán” utilizado varias veces en ciertas escenas para no ofrecernos ninguna perspectiva subjetiva del catalejo y sin que sea un elemento decisivo en ninguna situación.


El giro final es inesperado, no apto para estómagos delicados. Creo que no hacía falta llegar a ese extremo gore con el que resuelve el final violento de ciertas escenas. Sencillamente porque lo mejor de la película es todo lo demás: el ritmo pausado, los agradecidos toques cómicos por parte de Chicory, las largas charlas a la luz de la hoguera (que recuerdan por su extensión a Tarantino), las lentas cabalgadas por las praderas y largas caminatas bajo un sol sofocante, todo esto acompañado de suaves y pequeños detalles musicales que pasan casi desapercibidos. Esto corresponde al 70% de la película que me obliga a valorar muy positivamente Bone Tomahawk, para mí una curiosa mezcolanza western-road-movie-terror-fantástico no muy bien agitada. Puede que con el tiempo, una cult movie.

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Fotos:





S. Craig Zahler dirigiendo Bone Tomahawk con Kurt Rusell

S. Craig Zahler en la presentación de Bone Tomahawk










TRAILER:



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lunes, 25 de enero de 2016

LOS ODIOSOS OCHO

(The hateful eight) - 2015

Director: Quentin Tarantino
Guion: Quentin Tarantino

Reparto:
Samuel L. Jackson: Major Marquis Warren
Kurt Russell: John Ruth "La Horca"
Jennifer Jason Leigh: Daisy Domergue
Walton Goggins: Sheriff Chris Mannix
Tim Roth: Oswaldo Mobray
Michael Madsen: Joe Gage
Bruce Dern: General Sandy Smithers
Demián Bichir: Bob

Música: Ennio Morricone
Productora: The Weinstein Company
País: Estados Unidos

Por: Xavi J. Prunera. Nota: 8,5

“Cuando llegue al infierno, diga que le envía Daisy” (Daisy Domergue a John Ruth)

Si soy objetivo o no con mis reseñas no lo sé. Pero lo que sí sé, sin lugar a dudas, es que jamás he pretendido serlo. Y menos, con Tarantino. Un cineasta al que admiro y que nunca -repito: nunca- me ha decepcionado.


Dicho esto también me gustaría añadir que me considero una persona con criterio. O con cierto criterio, al menos. Como poco, el mío. Y ese criterio propio, personal e intransferible, me dice que “The Hateful Eight” no decepcionará a los que, como yo, admiramos a Tarantino. En primer lugar, porque su autor es fiel a sí mismo y no hace nada que no esperáramos de él. Y en segundo lugar, porque siendo incuestionablemente fiel a sus propios principios cinematográficos, con “The Hateful Eight” los rebasa y los sublima logrando su más preciada y genuina quintaesencia.



Así pues, si os gustan los personajes inequívocamente tarantinianos, en “The Hateful Eight” vais a encontrar unos cuantos. Si os gustan las frases y los diálogos para enmarcar, en “The Hateful Eight” no vais a saber con cuál quedaros. Si os gustan las explosiones de violencia tras una larga y dilatada calma tensa, en “The Hateful Eight” se os van a juntar algunas. Si os gustan los buenos planos, los encuadres perfectos y que las secuencias duren lo que tengan que durar, en “The Hateful Eight” lo tenéis asegurado.



Si os gusta que la música (en este caso, de un escalofriante Morricone ni más ni menos) enriquezca, si cabe, escenas de gran poderío visual, en “The Hateful Eight” lo vais a poder constatar más de una, de dos y de tres veces. Si os gusta el Spaghetti-Western, en “The Hateful Eight” descubriréis referencias. Si os gusta el humor negro, pero negro-negro —como el café de Minnie— en “The Hateful Eight” Tarantino os servirá no una, sino dos tazas. Y si os gusta un buen baño de sangre (con toque emotivo incluido) antes de levantaros de la butaca, os aseguro que ésta es vuestra peli. 



Pero si en algún aspecto Tarantino riza el rizo por encima de cualquier expectativa previa es, sin lugar a dudas, en el guión, en la trama. Una trama que podría haber firmado el mismísimo Alfred Hitchcock o la insigne Agatha Christie y que Tarantino va desmadejando sin prisa pero sin pausa. Administrando los tiempos y los recursos (elipsis, capítulos…) como solo un gran narrador sabe hacerlo y manteniendo el pulso, la fluidez y la tensión de la historia en todo momento hasta los títulos de crédito finales. Algo que no debe resultar nada fácil cuando manejas un metraje tan largo y una localización (la parada de postas en las montañas) que si bien no llega a ser tan claustrofóbica como había imaginado a priori, sí podemos considerarla —naturalmente— como cargada, viciada y explosiva hasta límites insospechados. Un polvorín, vaya.



Y si no le otorgo mayor puntuación, la verdad, es porque la primera media hora se me hizo algo remolona (la peli va, descaradamente, de menos a más), porque algunos secundarios están desaprovechadísimos (Samuel L. Jackson, Kurt Russell y Jennifer Jackson Leight, por otra parte, se “comen” a todos los demás) y porque siempre espero un poco más de Tarantino. Y algo me dice que su última obra maestra… aún está por llegar.

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Por: Valen García. Nota: 7,5

Bob: Parece que con eso me está llamando mentiroso, mi negro amigo.

Mayor Marquis Warren: ¡Sí, lo parece! ¡tiene usted razón! Pero aún no lo he hecho.

No me gustó que el cartel promocional rezara “La 8ª película de Quentin Tarantino”. Al principio pensé que podría tratarse de un simple y llano recurso de marketing pero, obviamente, a Tarantino eso no le hace falta. Por si fuera poco, la frasecita de marras estropea incluso el diseño realizado por BLT Communications, que recupera el estilo de las ilustraciones en los carteles cinematográficos. Pero es que, además, también la introduce en el trailer.



Y hoy he descubierto que Tarantino vuelve a autohomenajearse en los créditos iniciales de la película con la misma frase. Resumiendo: cuando al talento de QT se le suma la vanidad, a este director le da por regalarnos tonterías como ésta. Pero olvidemos este detalle y vayamos al grano. En capítulos, como le gusta a él.



Capítulo 1º - El engaño

Acabo de visionar un western, con una puesta en escena muy teatral, que transcurre al final de la Guerra Civil. Un western del que yo, francamente, esperaba mucho más. O mejor dicho: del que no esperaba esto. Un western que todo el mundo recordará, en un futuro, por una felación y un gran baño de sangre. 



Y aunque ya se sabe que de Tarantino siempre cabe esperar sangre, tiros, puñetazos, torturas y mucha charlatanería… ¿Por qué no me lo esperaba en “Los odiosos ocho”? Pues porque el trailer, perfectamente construido, nos engañaba con bellos paisajes nevados de Colorado y un ritmo trepidante. Porque nos vendió en el mismo trailer una vuelta al sistema Ultra Panavision 70 mm para captar escenarios inmensos y yo pensé, automáticamente, en la épica del western. Pensé en un renacer del western bien hecho. Pensé que todo iba a ser diferente a lo facturado por QT. Pero no. La cosa no ha sido así.



Los exteriores están ahí y son los que son pero el resto, el 90% de la trama, transcurre en el interior de una mercería, de una diligencia y de un granero. Y para ello no necesitaba para nada un formato cinematográfico obsoleto y tanto metraje. Pero, claro, como yo soy Tarantino y yo lo valgo… pues cualquiera le dice que no. Total, que al final todo acaba como siempre: con verborrea, tiroteos y derramamiento de sangre a tutiplén “marca de la casa”. 

Capítulo 2º - 100% Tarantino

Naturalmente, la criatura también tiene sus cosas buenas. Y aunque no me acabaron de convencer esos títulos iniciales, con los que "a priori" tendría que haberse lucido, debo reconocer que el arranque de la peli, con esos paisajes y esos personajes, me cautivó plenamente.

Y lo mismo, el guión. Un guión original del propio Tarantino repleto de humor negro que conduce al espectador donde quiere y que, en ocasiones, incluso despierta más de una sonrisa. Y es que “Los odiosos ocho” es una película entretenida, lenta, larga, violenta, sangrienta (en ocasiones, casi gore) que trata, desde un punto de vista general, de la política racial posterior a la Guerra de Secesión y, desde un punto de vista más íntimo, sobre desconfianza, odios y rencores. Por todo ello y más, a los admiradores de QT les encantará. Por todo ello, por saber colocar la cámara en el lugar preciso y por seleccionar planos muy efectistas, por supuesto. Una de las cosas que más me gustan de él.



Al margen de eso, no obstante, “Los odiosos ocho” posee detalles y singularidades que no me han pasado desapercibidas. Detalles como esos ingredientes directamente procedentes de “Reservoir Dogs”, como esos decorados que nos recuerdan a películas admiradas por su director como “El Gran Silencio” y “Hasta que llegó su hora”, como esos “primerísimos primeros planos” que el maestro Sergio Leone puso de moda hace 50 años, como esos contraluces a lo “Centauros del desierto” o como esas dosis de intriga a lo Sherlock Holmes o Agatha Christie. 

Capítulo 3º - Tarantino tiene a Morricone

Una atmósfera, gélida e intrigante, perfectamente lograda. Unas partículas de polvo y de nieve que se aprecian en el ambiente. Unos halos de vapor que salen de las bocas al hablar. Unas magníficas luces volumétricas obra de Robert Richardson, el director de fotografía, que realiza un trabajo excelente.





Una decoración de interiores maravillosa a cargo de Yohei Taneda. Toda una serie de detalles que constatan, en definitiva, que “Los odiosos ocho” es una peli trabajada. Que cuida hasta el más mínimo detalle. Pero ninguno tan importante, sin lugar a dudas, como la partitura de Morricone, el músico italiano que, a sus 87 años, se va a llevar el Oscar a la mejor BSO que aún le deben.



Capítulo 4º - Los Act8res

QT se rodea de un gran elenco de actores de confianza a quienes saca lo mejor de ellos. El trabajo final yo diría que es muy correcto. Destacan una casi irreconocible Jennifer Jason Leigh, un gran trabajo de Kurt Russell y un valor seguro para Tarantino que es Samuel L. Jackson. Éste último y Walton Goggins, no obstante, un poco sobreactuados.



Capítulo 5º - Mi resumen

Pese a que la peli empieza muy bien, con planos y encuadres muy elegantes, lo cierto es que al cabo de un rato la cosa se tuerce. Me da la sensación que QT no puede continuar sin ser él mismo y su juego de preguntas y respuestas, sus repeticiones y su verborrea me agotan. Momentos interminables que alargan el metraje y no aportan nada. Me estoy refiriendo a cuando Michael Madsen se ata el pañuelo al cuello, a cuando van clavando los postes y la cuerda que conecta la mercería al granero y al retrete, a cada vez que deben cerrar la puerta de entrada clavando esos dos puñeteros tacos de madera...  Así pues, me sobra todo eso y la enumeración de capítulos, la voz en off, la cámara lenta y un buen par de arrobas de tinta roja. Y es que, Querido Quentin, como amante del western me quedo definitivamente con tu 7ª película.

Capítulo 6º - Puntazo final 

Eso sí: el diseño de los créditos finales, con sus puntitos y sus llaves “al estilo de antes”, es un bonito detalle para el espectador. Eso y la gran canción de Roy Orbison, por supuesto.

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Por: Güido Maltese. Nota: 7

John Ruth "La Horca": ¡Acércate! pero, recuerda... suave como la melaza!

Decepción, esto es lo que sentí ayer después de 3 horas sentado en una butaca del cine.

Decepción, sí, pero no toda la culpa es de Tarantino….fuí con tantas expectativas de ver una obra maestra y tantas ganas de disfrutar cómo un enano con diálogos maravillosos y una gran banda sonora, tantas ganas de vibrar con esa violencia final típica de Quentín y tanta ilusión por ver un nuevo gran western…que el batacazo fue mayor del que, en justicia, me infringió la película en sí.



Hacer una reseña con un sólo visionado y unas pocas horas después de dicho visionado, me resulta bastante complicado y, por añadidura, siendo la película tan reciente, procurando no contar nada que pueda dar pistas a los que no la hayáis visto aún. Aún así, intentaré daros mi opinión personal de la manera más objetiva posible.


En primer lugar, el metraje es excesivo para soportar un guión muy "justito”, unos diálogos banales y unas actuaciones “correctitas”. Cierto que no me aburrí ni desesperé en ningún momento, no sentí ganas de salirme del cine como me ocurrió con “El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford”, por ejemplo. Pero El bueno de Quentín no fue capaz de mantenerme pegado al asiento sin moverme por si me perdía algo, como hizo con “Django Desencadenado” en su día. Me pasé esa hora y pico de metraje que le sobra, deseando que llegase el final y eso no dice nada bueno a favor del film.



Veréis, la película tiene un inicio bueno, muy bueno incluso… la presentación de los personajes, el paraje dónde se desarrolla, la fotografía, los diálogos, etc, crean en el espectador ese sentimiento de “menudo peliculón voy a ver hoy!”, pero a medida que el film avanza y se convierte prácticamente en una obra de teatro, ese sentimiento va decayendo y tornándose en ese otro de “venga coño, que llegue el clímax final ya!”



Para mí, la culpa de todo esto la tiene, en gran medida, el guión….aparte de hacer algunas aguas que no puedo explicar por los spoilers, los diálogos, tan buenos y típicos en el cine de Tarantino, son aquí insulsos, sin fuerza, no logran engancharme, no tienen nada de especial. Esos diálogos maravillosos entre el doctor King Schulz y Django aquí no existen. Aquí son conversaciones banales que no aportan nada y, encima, se agrava con el excesivo metraje que tampoco nos aporta nada.



Las interpretaciones tampoco son nada del otro mundo. Kurt Russel pone su imponente presencia, pero poco más. Samuel L. Jackson su gran carisma, pero eso lo pone en todas sus actuaciones y acaba siendo siempre más de lo mismo (por lo menos en su gran papel de Stevens en Django nos daba algún que otro registro nuevo... y lo bordaba!). De Jennifer Jason Leigh había leído mucho sobre su gran interpretación en este film…pues para nada, está correcta y punto. Tim Roth, que siempre he tenido gran debilidad por él, sobreactúa exageradamente intentando ser Christophe Waltz… y la caga estrepitosamente! Michael Madsen es Michael Madsen, o sea, una cara y poco más. Bruce Dern muy correcto en su papel y, por encima de todos, Walton Goggins! Este sí que me ha sorprendido y gustado mucho! El mejor del elenco sin ninguna duda.



La película es técnicamente perfecta, estaría bueno lo contrario con las cifras que se manejan. Fotografía correcta, nada del otro mundo tampoco. Y la banda sonora, de mi amado Morricone, normalita, normalita (¡cómo me duele decir esto!).



En cuánto a los típicos homenajes de Tarantino, aquí tenemos muchos….desde guiños al Coronel Mortimer, a “El gran Silencio”, a Agatha Christie pasando por Hitchcock y, el que más me ha gustado: el personaje de L. Jackson se llama “Marquis Warren”, supongo que en clara alusión a ese director y guionista de serie B en los 50 llamado Charles Marquis Warren.



El clímax final, la sangre que todos esperamos ver con Tarantino, llega por fin a las dos horas y media… de esto no voy a hablar para no desvelar nada, pero sí diré que “Quentin se te ha ido la olla un poco más de lo normal… te has pasado!”



En fin, y para terminar ya, la película está bien (de hecho le pongo un 7 después de todo), no aburre, no defrauda en exceso y contiene (casi) todo lo que esperamos de Tarantino… pero me decepcionó! (Ya veremos con el paso del tiempo y nuevos visionados si me cambia este sentimiento!)

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Por: Jesús Cendón. Nota: 6

John Ruth "La Horca": Nadie dijo que ese trabajo fuera a ser fácil.
Mayor Marquis Warren: Tampoco dijeron que fuera a ser tan difícil.

No soy un fan de Tarantino pero reconozco que he disfrutado, y mucho, con sus películas. Me impactó la violencia seca y contundente de “Reservoirs Dogs”; en “Pulp Fiction”, su mejor filme para mí, las distintas historias encajaban perfectamente, “Jackie Brown” supuso un sincero y sereno homenaje al cine blaxpoitation; tanto “Kill Bill” como “Malditos bastardos” me entretuvieron además de contener escenas magistrales; y aunque me mosqueó “Django desencadenado”, porque creo que su ego nos impidió ver una película extraordinaria (malditos cuarenta últimos minutos), me divertí bastante viéndola. Todas ellas tienen una característica en común, son muy entretenidas.



Sin embargo “Los odiosos ocho” es tremendamente aburrida, una película con una larguísima primera parte en la que no avanza la historia y se pierde en diálogos interminables e intrascendentes, así como en situaciones repetitivas (¿cuántas veces tiene Tarantino que contarnos que la puerta está rota y necesita que se le claven dos maderas para permanecer cerrada o que la carta del Mayor la escribió Lincoln?) e insignificantes para la evolución del filme (¿A qué viene mostrar cómo aseguran un camino hacia el establo y otro a las letrinas si después no vuelven aparecer en la película, ni este hecho tiene valor dramático alguno?). Incluso el final caracterizado por su típica orgía de sangre se hace pesado e interminable al estar alargado de forma artificial. Y a ello tenemos que añadir personajes (el general Smithers) que no aportan absolutamente nada a la historia salvo dilatarla a través de un flashback bastante grotesco.



El resultado es una película plomiza y demasiado larga; y, como debería saber el director, no siempre una película grande es una gran película, no siendo necesario estirarla si no se cuenta con un guion que lo justifique.



Porque una película no sólo consiste en rodearte de un grupo de buenos profesionales sino en tener una buena historia que contar. Así, la cinta desde el punto de vista técnico (fotografía, dirección artística) es irreprochable, la banda sonora de Morricone aunque no contiene temas pegadizos es muy adecuada y Tarantino nos muestra una vez más que sabe situar y mover la cámara como pocos realizadores en la actualidad; pero el filme falla por la base, por el guion y, lógicamente, el resultado no puede ser bueno si el libreto en el que se fundamenta es tramposo y mediocre, carece de lógica y cuenta con fallos garrafales.



Atención a los que no hayáis visto la película porque a partir de ahora os puedo destripar la misma.

En primer lugar, Tarantino empieza con engañarnos mediante el título ¿Quiénes son los odiosos ocho y por qué? Los principales personajes son nueve y a ellos, en el tramo final, se le suma un décimo. Y en este último radica la mayor trampa del guionista-director. En una película no vale todo para atraer la atención del espectador. Así se saca de la chistera un conejo con el que obtiene un giro inesperado, pero es que ni tan siquiera lo había anunciado mínimamente sino que aparece por sorpresa y es posteriormente, a través de un desafortunadísimo flashback, cuando el espectador conoce de su existencia. Tarantino nos ha tendido una trampa que resta credibilidad al filme.



En segundo lugar, nos encontramos con el gran fallo que desmonta por completo la película. La banda de Daisy planea liberarla en una posta a la que esta llega por casualidad. Es decir, montan todo un plan con el asesinato de cinco o seis personas en un lugar en el que, en principio, la diligencia en la que viaja la condenada no suele pasar. Y llega Tarantino por si no nos hemos enterado y por dos veces a través de uno de los personajes afirma: “No solemos utilizar esta ruta pero nos hemos desviado por la tormenta”. ¡Ole tus narices, Quentin! Y sobre todo qué visión de futuro del grupo de forajidos que por la mañana, con un sol espléndido, intuyen la tormenta y el cambio de ruta de la diligencia. Aquí comienza mi gran duda ¿Estamos hablando de una película seria o Tarantino, contando con la respuesta entusiasta de su legión de admiradores, se está quedando con el espectador?



En tercer lugar el flashback. Desastre total. Es bastante improbable que una negra, recién acabada la Guerra de Secesión, fuera propietaria de una posta y pudiera tener el comportamiento que muestra en el filme; pero lo vamos a dejar pasar porque es Quentin Tarantino, el gran gurú. Ahora, lo que carece por completo de lógica interna es que una persona que no acepta ni a perros ni a mexicanos a los que profesa un odio visceral según ha comentado el mayor Marquis Warren, deje que Bob el mexicano se pasee como Perico por su casa antes de asesinarlos a todos. ¡Hombre Quentin aquí te has p’asao! O tiene fobia a los mexicanos y no los deja pasar a su establecimiento o no les tiene fobia.



Seguimos con inventos-errores y toca ahora hablar del hermano de Daisy, que se ha escondido en el sótano vaya usted a saber por qué, ya que eran, en principio, cuatro pistoleros contra un cazador de recompensas, ¿Son tan torpes que entre cuatro no pueden acabar con él o ha sido una trampa que nos ha colado Tarantino, como dije en el primer punto, para sorprendernos de forma artificiosa? A lo que iba. El pistolero agazapado dispara en sus partes nobles al mayor y este, lógicamente, cae. Pues el amigo, con sus santas narices, no le remata y tampoco se sabe el porqué. Claro, pasa lo que tiene que pasar que le vuelan la cabeza. Tarantino, a través de este personaje, demuestra, a pesar de su pasión por el spaghetti western, que no ha aprendido la lección de “El día de la ira”: Cuando dispares contra un hombre mátalo, si no antes o después te matará él a ti.



Y para no cansaros os dejo la última. ¿Alguien me puede explicar cómo dos hombres desangrándose, que apenas pueden sostener sus armas y menos moverse son capaces de ahorcar a una persona? Porque Tarantino, que precisamente no es amigo de la elipsis narrativa, elude la explicación.

En definitiva, una película tramposa y autocomplaciente de un director tan talentoso como egocéntrico y megalómano al que quizás, como al rey del cuento, se le debería decir que va desnudo; por lo menos en esta ocasión.

Por último comentaros, como anécdota, que el personaje interpretado por Samuel L. Jackson se apellida igual que un director y guionista de westerns televisivos y de serie B, Charles Marquis Warren, y siendo el filme de Tarantino no creo que sea casualidad.




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