jueves, 11 de febrero de 2016

EL RENACIDO

(The revenant) - 2015
Director: Alejandro González Iñárritu
Guion: Mark L. Smith, Alejandro González Iñárritu
Intérpretes:
- Leonardo DiCaprio: Hugh Glass
- Tom Hardy: John Fitzgerald
- Domhnall Gleeson: Captain Andrew Henry
- Will Poulter: Bridger
- Forrest Goodluck: Hawk
- Paul Anderson: Anderson
Música: Carsten Nicolai, Ryûichi Sakamoto
Productora: New Regency / Anonymous Content / RatPac Entertainment; Distribuida por 20th Century Fox
País: Estados Unidos


Por: Xavi J. PruneraNota: 8

John Fitzgerald: "Viniste todo este camino sólo para tu venganza. ¿La disfrutaste Glass? Porque nada te devolverá a tu hijo "

 “The Revenant” no es, obviamente, una peli para todos los paladares. Los más aprensivos la considerarán —con toda probabilidad— excesivamente dura y descarnada. Los puristas del guión, simplona y desmedida. Los detractores de Iñárritu, pretenciosa y grandilocuente. Y muchos amantes del western clásico, en general, lenta y hasta cansina. Pero a mí, particularmente, me ha gustado y mucho. Intentaré explicarme.


Tradicionalmente siempre me han gustado las pelis con buenos guiones. Con buenos guiones y, naturalmente, con buenos narradores tras la cámara. Pero también sé apreciar, al margen de lo que me cuentan, cómo me lo cuentan. E Iñárritu, en ese aspecto, es un fuera de serie. Y es que muy pocas veces he podido ver en pantalla grande una historia de supervivencia en el marco de una naturaleza tan desatada y hostil; una naturaleza que -al margen de cuatro pinceladas a lo Malick- nada tiene de bucólica y sí mucho de cruda y despiadada.


Una hiperrealidad (digitalizada si queréis) que te cala de agua hasta el tuétano, que te hiela hasta las pestañas y que te inflige dolor, mucho dolor. Aunque, obviamente, de eso no sólo es culpable Iñárritu. Y creo que es justo y necesario destacar -en esta faceta- la gran labor de Emmanuel Lubezki, con una fotografía total y absolutamente prodigiosa. 


Pero si algo me lleva a otorgarle un 8 a “The Revenant” son eso que yo llamo “secuencias para el recuerdo”. Secuencias que quedan marcadas a fuego en nuestra particular memoria cinéfila y que “The Revenant”, sin lugar a dudas, atesora a espuertas. Secuencias que, de sobras, justifican el visionado de esta peli y que hasta los más enconados detractores de Iñárritu recordarán mientras vivan. Naturalmente, no voy a destripároslas.


Solo diré que la primera está a la altura de secuencias como la del desembarco de Normandía en “Salvar al soldado Ryan” o la de la batalla de Germania en “Gladiator” y que, tras la esperada escena del oso grizzly (brutal y escalofriante como pocas), aún os quedarán incluso un par más de ellas por degustar.


Y poco más. Tan solo añadir que Leonardo DiCaprio y Tom Hardy están inmensos y que todos esos espectadores que dicen que la peli de Iñárritu no les ha provocado ni frío ni calor quizás lo sostienen porque, probablemente, se esperaban una peli más “amable”. Una peli más fácil de digerir. Con algo más de contenido crítico, melodramático o espiritual. Algo que, indudablemente, un western de aventuras como “The Revenant” ni atesora ni pretende en modo alguno.

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Por: Valen García. Nota: 8

Hugh Glass a su hijo Hawk: "No te dejaré, hijo. Estoy justo aquí"

No entiendo por qué algunos directores tratan de alargar las historias más allá de lo standard. Y no lo entiendo porque esta historia (que ya fue contada en “"El hombre de una tierra salvaje" de Harris y Sarafian) no lo necesita. Tarantino lo hizo hace unos meses con sus odiosos e Iñárritu lo hace ahora con su renacido. Y lo bueno del caso es que esta historia empieza igual de bien que los odiosos, pero poco a poco se va desinflando y a las dos, en general, les sobra metraje. Asimismo, los dos autores, en sus últimas creaciones incluyen erróneas e inútiles elipsis. Está claro que hay hijos predilectos en el cine y Tarantino e Iñárritu lo son, porque obviamente las productoras no permitirían hacer pelis tan largas a cualquiera.


Tengo que decir, por otra parte, que las interpretaciones de DiCaprio y Hardy son brillantes, imprimiendo cada cual en su papel toda su fuerza: DiCaprio arrastrándose por el suelo y gruñendo como sólo él sabe hacerlo y Hardy haciendo de malo malísimo. A pesar que DiCaprio lo borda, no obstante, el papel de Hardy contiene -a mi juicio- más matices interpretativos.


El plano secuencia inicial de la batalla, por otro lado, es una impactante delicia visual. Y la escena de la pelea con el oso, sensacional. Seguro que, con el tiempo, será la más recordada de la peli por su crudeza y realismo.


La potencia visual de las imágenes fotografiadas por Lubezky es lo que, probablemente, más ha maravillado a todos los que han visto la peli. Y es que, al contrario que en casi todas las películas, ésta se ha rodado con luz y escenarios naturales.


Iñárritu, al contrario que Tarantino, no pretende seguir un ritmo narrativo sino que prefiere que el personaje principal, interpretado por Leonardo DiCaprio, muestre todo su sufrimiento detalle a detalle, por lo que el guión es prácticamente invisible. Salvo en las intervenciones del gran Hardy, por supuesto.


Las imágenes aliñadas con la música de Ryûichi Sakamoto, además, ganan en belleza. Pero creo francamente que se pasa en la duración de las tomas. A mi juicio son lentas, largas, repetidas e incluso en ocasiones, muy cansinas.


Y ya para acabar, no quisiera olvidarme de un detalle técnico que me ha maravillado: el uso del gran angular en casi todo el metraje. Un recurso que permite percibir los gestos de los personajes a la vez que se muestran los maravillosos paisajes, espectaculares contrapicados, etc.


Ya sabemos que la película no cuenta una realidad. Que es cine y que lo único que pretende es causar un efecto en el espectador. Pero creo que esta peli, espectacular y morbosa como pocas, lo consigue positivamente.

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Por: Güido Maltese. Nota: 7

Hugh Glass: "La venganza está en manos de Dios, no en las mías”

Bueno, pues una nueva reseña con un solo visionado del film y dos días después de dicho visionado. Esto me resulta complicadillo, pero los estrenos mandan y hay que ponerse manos a la obra!


Al contrario que con “Los Odiosos 8”, aquí no tenía puestas muchas expectativas de que fuera a ser una gran película. Tenía claro que era un remake de “El hombre de una tierra salvaje” (Richard c. Sarafian - 1971) interpretada por Richard Harris y John Huston, película que no me convenció en su día y que parecía realizada exclusivamente para el lucimiento personal de Richard Harris y para aprovechar el tirón de “Un hombre llamado Caballo”, filmada un año antes por Elliot Silverstein y que obtuvo un gran éxito. Curiosamente, y habiendo leído tantas noticias sobre “The Revenant”, en ningún momento se hace alusión a este hecho y no he visto ningún escrito comentando que se trataba de un remake.


Bien, la película tiene un inicio espectacular, con un plano secuencia de los que quitan el hipo y un manejo de la cámara y de la luz absolutamente magistral. Y, por si esto no fuera suficiente, poco después tenemos la famosa escena del ataque del oso. Ha transcurrido una media hora de película y ya estoy pensando en lo buenas que van a ser las dos horas que me quedan por delante... craso error! La película pasa a ser un documental de bosques, ríos, cascadas y nieve en tomas tan espectaculares como demasiado alargadas innecesariamente. Señor Iñarritu, con un par de segundos ya me basta para ver que bonitos son esos árboles filmados en contrapicado, no hace falta que lo alargue usted hasta el hastío ¿O es que era imperativo que la película dure más de dos horas y media? Sabe usted perfectamente que con poco más de hora y media, el resultado habría sido el mismo!


El guión es prácticamente inexistente y, aún así, tiene unos fallos garrafales (que no puedo desvelar ahora por deferencia a los que no la hayáis visto). La cosa no es muy grave si no eres un enfermo de la lupa como yo, al fin y al cabo es un film sobre la supervivencia en la naturaleza adversa. Aquí, el director, los guionistas y alguno más, se pasan de la raya....para sobrevivir a todo lo que le ocurre al protagonista debería tener el esqueleto de adamiantum de Lobezno, la piel de Hulk y los poderes de Spiderman. En fin, me esperaba algo mas real y posible (cosa que sí consigue Sarafian casi 50 años antes).


En cuánto a las interpretaciones, he leído ríos de tinta sobre el hecho de que por fin DiCaprio va a recibir el Oscar que se merece. Pues bien, si no le dieron el Oscar por “El lobo de Wall Street” ni por “Django Desencadenado”, sería un tongo absoluto que se lo den aquí! Por supuesto, lo hace bien, muy bien... pero es tan fácil para cualquier buen actor interpretar ese rol de “sufridor”, escondido tras una barba y una melena, que no veo que haya nada especial ni destacable en su actuación. Otra cosa es Tom Hardy, que no solamente realiza una grandísima interpretación, es que se come crudo a Leonardo!


Lo mejor de la película, con mucha diferencia, es la fotografía. Emmanuel Lubezki (“Gravity”, “El árbol de la vida”, etc..) realiza un trabajo impecable, de una gran finura y con un manejo de la luz y el color envidiables. Cierto que la mayoría de “postales” son alargadas hasta el hastío, pero hay que reconocer que dichas postales son maravillosas y espectaculares.


Debo decir que, a pesar de la duración exagerada, y sobretodo innecesaria, del film, no me aburrí en ningún momento. Cierto que es muy lenta en la hora y media central, pero Lubezki la salva con su buen hacer fotográfico. No soy asiduo del cine de Iñarritu y con esta película menos aún, pero reconozco que su trabajo de dirección es impoluto, lástima que sea demasiado “cansino” para mí.


La nota que al final le pongo (7) se la han ganado Lubezki, Hardy y DiCaprio, ya que camuflan muy bien el flojo guión, la duración exagerada de la película y la parte demasiado “documental” de la misma. Lo que está claro, es que dentro de un par de años nadie se acordará de ella, está lejos de ser un gran película!


P.D. No entiendo esa moda, tan en boga últimamente, de alargar el metraje de las películas. En la mayoría de los casos, lo único que se consigue es cansar al espectador. Para igualar a “El padrino”, “Hasta que llegó su hora” o “Uno de los nuestros” no basta con igualar la duración....hay que igualar también el guión, la dirección, el montaje, la producción, etc.... Y, por lo visto, algunos no se enteran!

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Por: Jesús Cendón. Nota: 5,5

Hugh Glass: “Morir ya no me da miedo. Eso ya lo he vivido”
Lenta, tediosa, aburrida, vacía, premiosa, soporífera, cargante, pretenciosa, efectista, cruel, interminable, presuntuosa, sádica, tramposa, incoherente son algunos de los calificativos que me vienen a la cabeza tras haber visto la última ¿película? del otrora interesantísimo Alejandro González Iñárritu, ya que es muy difícil encontrar en “El renacido” la capacidad para conmover que demostró este director junto a su guionista Guillermo Arriaga en filmes del nivel de “Amores perros”, “21 gramos” o “Babel”; cintas con las que te estremecías, emocionabas y hacías tuyos los sufrimientos que padecían sus protagonistas.


Sin embargo en esta en ningún momento, por más que se esfuerzan el director y los guionistas torturando constantemente y de las formas más variopintas a Leonardo DiCaprio, llegas a empatizar con él porque cualquier exceso, y se exceden hasta parecer increíbles las situaciones y vivencias del personaje principal, tiende a producir el efecto contrario provocando en el sufrido espectador la desconexión respecto a los hechos que está padeciendo en la pantalla.


Claro que la alternativa puede consistir en olvidarte de que estás viendo un filme pretendidamente realista y tomártelo como una aventura de un nuevo superhéroe que, cual Ave Fénix, renace constantemente de sus cenizas. En ese caso, yo recomendaría a Iñárritu que preparase una saga en la que Hugh Glass, tal que Superman, el Capitán América o cualquier otro superhéroe con superpoderes (por ejemplo una pistola de una bala disparada varias veces sin cargar, su inmunidad a la hipotermia o su capacidad para despeñarse con un caballo sin sufrir la más mínima lesión), luchará en este mundo contra el mal para restablecer el bien. La única diferencia sería la ambientación, en este caso los EEUU del primer tercio del siglo XIX.


Además, uno tiene la sensación tras salir de la sala de proyección de que se ha perdido una gran oportunidad de hacer un buen western contemporáneo enmarcado en lo que se denominó el western ecologista o naturalista y cuyos máximos exponentes fueron “Más allá del Missouiri” (William Wellman, 1951), “Río de sangre” (Howard Hawks, 1952), “Un hombre llamado caballo” (Elliot Silverstein, 1970) y “Las aventuras de Jeremiah Johnson” (Sidney Pollack, 1972); así como de hacer una adaptación a la altura de la que parece una gran novela tras el relativo fiasco de la anterior versión, “El hombre de una tierra salvaje” (un filme irregular, aunque apuntaba aspectos interesantes, dirigido por Richard C. Sarafian en 1971 a mayor gloria de la vanidad de Richard Harris); ya que esta película, a pesar de haberse ocultado la información, es un remake de la anterior.


¿Y por qué hablo de ocasión perdida? Porque el comienzo es espectacular, con una batalla rodada de forma aparentemente caótica, transmitiendo de esta forma el miedo y la inseguridad de los tramperos, a la que se encadena el brutal ataque de un oso sufrido por Hugh Glass; pero a partir de ese momento asistimos al vacío más absoluto, con una misma situación repetida hasta la saciedad; eso sí espléndidamente fotografiada por Emmanuel Lubezki quien, junto al realizador, se empeña en que cada toma sea superior a la anterior, de tal forma que tanto alarde y virtuosismo al servicio de la nada llegan a ser también cansinos.


Nadería que la torpeza del director y de los guionistas remata en un final bochornoso (no os preocupéis porque no lo voy a contar) que acaba de forma grotesca con el mensaje, solamente apuntado, más interesante y profundo de la película, al contraponer la capacidad del ser humano para perdonar los mayores ultrajes y el más que razonable sentimiento de venganza del protagonista; así nos hurtan un epílogo de cierta hondura con el dilema moral que parece plantearse el protagonista y lo sustituyen por otro más simple e incluso naif.


“El renacido” se revela, pues, como un ejercicio de estilo vacío con un guion anecdótico, que daría para una película de duración estándar, estirado hasta la exasperación a los más de ciento cincuenta minutos eternos. De tal forma que durante gran parte del metraje no se sabe si estás viendo una película (es decir una historia narrada, con mayor o menor acierto, por su director), un documental de la National Geographic (¡Qué bonitos salen los árboles, los ríos, las montañas y los animales en los que el director se recrea continuamente y por tiempo prolongado!) o un programa de supervivencia extrema del estilo de “Aventura en pelotas XL” en el que los concursantes deben vivir sin ropa, comida y agua durante cuarenta días (parece que los dos guionistas, entre los que se incluye el propio Iñárritu, pusieron toda su imaginación en las distintas formas de maltratar y vejar al protagonista, olvidándose de todo lo demás, incluido de dotar de coherencia al guion).


Clara muestra del paupérrimo nivel del cine estadounidense actual, Iñárritu puede obtener su segundo Oscar al mejor director de forma consecutiva, tras haberlo ganado por la controvertida “Birdman”. Un hito sólo logrado por otros dos directores: John Ford en 1940 y 1941 por “Las uvas de la ira” y “¡Qué verde era mi valle!”, y Joseph Leo Mankiewicz en 1950 y 1951 por “Carta a tres esposas” y “Eva al desnudo”. Las comparaciones, como habitualmente se dice, son odiosas.

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Fotos:


Paisajes:


La mayor parte de El Renacido fue filmada en la región de Kananaskis, un área de parques nacionales en las Montañas Rocosas canadienses, situada al oeste de Calgary. Imagen: 20th Century Fox
El espectacular paisaje del Valle Bow en Alberta. Imagen: Brendan Bell
Se construyó un fuerte cerca de la carretera de Spray Lakes, con el monte Ishbel y Castle Rock de fondo. Imagen: 20th Century Fox
Iñárritu comentó que si bien estaban rodeados por un paisaje increíble, éste es el peor lugar para un productor para hacer una película. Imagen: Anne Elliott
Una escena de una batalla fue filmada cerca de la reserva india Morley. Imagen: cszmurlo
Una grúa y caballos fueron transportados hasta unos 2.400 metros de altura para una secuencia cerca de Fortress Mountain Resort. Imagen: 20th Century Fox
Unos aviones bombardearon la zona para provocar una avalancha para una escena. Imagen: 20th Century Fox
Los Páramos de Drumheller, situados al noreste de Calgary. Imagen: 20th Century Fox
La extraña iglesia en ruinas fue construida para la ocasión, al igual que el fuerte fronterizo, el pueblo Pawnee y la montaña de cráneos de búfalo. Imagen: 20th Century Fox
Cataratas Kootenai cerca de Libby en Montana, Estados Unidos. Esta secuencia tardó diez días en completarse y fue filmada en la misma ubicación que la película de 1994 Río salvaje, protagonizada por Meryl Streep. Imagen: 20th Century Fox
Las últimas escenas de Revenant fueron rodadas en el extremo sur de Sudamérica. El pequeño río Olivia cerca de Ushuaia (Tierra del Fuego, Argentina).

TRAILER:

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